OTIS: el cambio climático y la violencia económica-política en Acapulco

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César Iglesias

El pasado 25 de octubre el puerto de Acapulco recibió con vientos máximos sostenidos de 270 km por hora al Huracán Otis de categoría 5. Un fenómeno totalmente atípico por la potencia que tuvo de poder convertirse en cuestión de horas en un fenómeno climático devastador.

De las 13:00 horas del día martes 24 a las 00:25 del día miércoles 25 el fenómeno climático paso de ser categoría 2 a impactar con toda su fuerza las costas con categoría 5. Los científicos climáticos están sorprendidos por las condiciones que debieron de generarse para que los sistemas de medición tuvieran resultados por afuera del margen de error.  Una serie de situaciones excepcionales se combinaron para este resultado.

Lo más probable es que las condiciones que estamos observando llegaron para quedarse, esto que ahora es la excepción pueda convertirse en regla, debido a las temperaturas cálidas del océano que provoca que este tipo de fenómenos sean cada vez más imprevisibles y destructivos en los territorios en los que impacte. Hoy estamos teniendo temperaturas por encima de los 28 grados, y se espera que esto incremente en los próximos años.

Esta variable con la que el sistema económico ahora tiene que lidiar tiene muchas aristas que son necesarias observar al margen de la manipulación mediática en curso. Los impactos del cambio climático están aquí y ahora, y no solamente por las muertes inmediatas al fenómeno que son todas ellas muy lamentables sino por los efectos sociales que pueden empezar a producir.

No es que la rapiña haya comenzado como un fenómeno de simple desesperación por la falta de alimentos en la zona costera después del impacto del huracán, sino que muestran redes de crimen organizado que en la medida de la ausencia del Estado operan a través del mercado de drogas, pero al ver que este se ha caído pasan inmediatamente a intentar generar condiciones para subsistir después con las ganancias de lo robado.

Estas redes no están solas, es una amalgama de corrupción política con infiltración del crimen organizado, a este fenómeno social se le ha llamado necropolítica, un escenario en donde mediante el terror y muerte el crimen organizado opera para establecer un orden social con el respaldo y complicidad de la clase política gobernante.

Acapulco fue escenario de un despojo de terrenos por parte de la clase política neoliberal, al mismo tiempo que el sector inmobiliario crecía bajo el amparo del expolio al Estado, la riqueza social se convertía rápidamente en riqueza privada.  Este régimen se vio beneficiado por un Estado que estaba desmantelando todo para el beneficio de un grupo determinado. La clase política no quedó al margen de dichos beneficios.

El costo años después fue que el empleo y las fuentes de sobrevivencia no eran suficientes, lo que orillaron a la población a aceptar ser parte del crimen organizado para la venta de estupefacientes para los turistas. Tanto la clase política, la clase empresarial, la clase trabajadora eran coordinadas por una nueva clase basada en el capitalismo necropolítico. La disciplina para formar parte de este conjunto se dio a través de ejecuciones que ordenaban a cierto punto la convivencia social.

La pobreza se ha agravado lo que ha llevado a que los núcleos sociales no solamente sean dependientes de esta situación, sino que además no tienen forma de combatirlo. El olvido por parte de los gobiernos neoliberales logró generar un caldo de cultivo que hace del territorio un territorio sumido en una violencia económica y política sumamente delicadas.

Lo que el cambio climático ha hecho revelar es lo que sucedía en el subsuelo social, pero ahora que la crisis social ya no sólo es de las relaciones sociales, sino que ahora implican los medios de producción con los que se sostenía este territorio entonces está emergiendo una realidad innegable, la falta de condiciones que aún el Estado tiene para poder abordar esta problemática tan compleja.

Eso sucede en la zona costera, pero cuando hablamos del campo la cosa empeora, la baja productividad de la tierra, la migración forzada que tuvo lugar por el incremento de las condiciones de miseria, el abandono sistemático ha generado condiciones asfixiantes en la zona, que ahora con la destrucción de sus cultivos los colocan en un peligro de muerte constante.

Guerrero no es un Estado que haya logrado generar sacar de la pobreza a sus habitantes al mismo ritmo en la que el neoliberalismo colocó a la mayor parte de la población y eso tendrá un costo social importante. La crisis ambiental mundializada hace estallar con mayores fuerzas las contradicciones sociales importantes, y eso es justo lo que hay que observar si el Estado no logra activar mecanismos de compensación económica que ayuden a paliar la crisis.

Eso es lo que ha observado la oligarquía mexicana al momento de echar a andar la maquinaria mediática para socavar la confianza en el gobierno de la cuarta transformación. Sobre la base de la crisis cree poder establecer un golpe más duro en el gobierno que se ha propuesto quitar algunos de los elementos más lacerantes del neoliberalismo y que no ha desmantelado aun más al Estado.  Lo que no se han dado cuenta es que esto puede ser un bumerán que puede provocar una crisis social de gran envergadura.

La molestia del presidente López Obrador contra Salinas Pliego no fue simplemente que abrieran los micrófonos para mentarle la madre, sino que la estimulación de odio político a través de las pantallas de televisión puede despertar aquello que se llegó a denominar el México bronco. No es menor la crisis que está por desarrollarse. La combinación entre la necropolítica y la crisis económica puede hacer estallar contradicciones delicadas a la hora de definir el presupuesto de la reconstrucción, ese es el escenario más favorable de quienes buscan desestabilizar al Estado en estos momentos.

Ahora bien, la reconstrucción de Acapulco puede ser la oportunidad para no sólo ser la reconstrucción de las infraestructuras sino sobre todo de recuperar el tejido social y volver a constituir una sociedad que no dependa del crimen organizado ni de los empresarios corruptos ni de los abusos del ejército.

Esta es una excelente oportunidad para además recuperar Guerrero, y avanzar en una agenda que logre revertir la tendencia de usar al Estado para contener la pobreza y se convierta en un garante para permitir que las comunidades puedan emerger en la defensa de sus sociedades. Si esto no sucede, la crisis ambiental mundializada anuncia que los efectos de la devastación no pararan, y la barbarie puede seguir abriéndose paso.