Un Crespón Negro

Un Crespón Negro. Este miércoles, en el programa Quórum, que transmiten Radiante FM y TV Mar, conducido por Claudia Meléndez, con participación de Ángel Mora Rojo y esta vez bajo la producción de Manuel Mora, el tema fue, como es fácil suponer, la horrenda masacre de la que fue víctima la familia Le Barón, en Bavispe, Sonora, cerca de los límites con Chihuahua.

Un Crespón Negro. Este miércoles, en el programa Quórum, que transmiten Radiante FM y TV Mar, conducido por Claudia Meléndez, con participación de Ángel Mora Rojo y esta vez bajo la producción de Manuel Mora, el tema fue, como es fácil suponer, la horrenda masacre de la que fue víctima la familia Le Barón, en Bavispe, Sonora, cerca de los límites con Chihuahua.

Es triste decirlo, pero en México enterarnos de estas masacres es el pan nuestro de cada día (simplemente, poco antes de escribir estas líneas, diez personas habían muerto en Ciudad Juárez, por otra reacción de los cárteles ante una revisión que se llevaría a cabo en el penal federal de la localidad, según unos; o por la detención de un integrante de un grupo criminal de Nuevo Casas Grandes, según otras fuentes). Lo que ha horrorizado no sólo al país sino al mundo entero es que las víctimas de este atentado fueron niños y sus mamás, todos indefensos y brutalmente baleados y calcinados.

El gobierno federal ha respondido con la usual atonía a este tema. El Secretario de Seguridad federal, Alfonso Durazo, esgrimió en las primeras horas un par de argumentos que la familia de las víctimas y los mexicanos en general sentimos como una bofetada a la inteligencia: “Todo indica que fue una confusión”, (¿recuerdas, querido lector, el caso Posadas?) y para rematar afirmó que los asesinatos “se hicieron con armas provenientes de los Estados Unidos”… Como dijeran los adolescentes ¡Y eso qué! ¿Entonces, si se lleva a cabo un fraude cibernético, una de las líneas de investigación sería que las computadoras fueron fabricadas por Apple?

Las reacciones no se hicieron esperar, si apenas hace dos semanas, con el asunto de Culiacán, quedó claro quién manda en México, ahora con esta nueva tragedia, queda claro que la violencia escala niveles nunca antes vistos. Antes, hasta los mafiosos más recalcitrantes o los delincuentes más desalmados observaban un cierto código de honor que impedía, en muchos de los casos, disparar contra mujeres y niños. Hoy ese límite ya se rebasó.

Dada la doble ciudadanía de las víctimas (mormones méxico-estadounidenses) el gobierno de Estados Unidos también reaccionó; tanto Donald Trump, como diversos funcionarios, legisladores y medios de comunicación se pronunciaron en distintos tonos: el mensaje fue más o menos el mismo: Si no pueden, nosotros sí podemos.

En toda esta historia pesadillesca, llaman la atención los comportamientos verdaderamente heroicos que mostraron algunos de los niños afectados: Devin Blake Langford, de 13 años, luego de ver morir a su madre y a sus dos hermanos, escondió a seis niños y niñas sobrevivientes entre los arbustos y los cubrió con ramas para “mantenerlos a salvo mientras buscaba ayuda”, caminó más de 22 kilómetros de regreso a la comunidad de La Mora. Los niños restantes, algunos heridos, esperaron entre los matorrales desde la una de la tarde hasta bien entrada la noche, cuando llegó la ayuda. Al anochecer, desesperada, una de las niñas, McKenzie Langford, de 9 años, quien recibió un disparo en la muñeca, se preocupó por Devin y dijo: “Tengo que ir a buscarlo”, a pesar de la bala en la muñeca, del brutal trauma y de la oscuridad emprendió valientemente el camino a la mitad de la sierra (hay que recordar que el atentado se dio en una brecha en terreno despoblado). Tomó el camino equivocado, refiere Lafe Langford, uno de sus parientes, “la encontramos por sus pequeñas huellas… seis horas más tarde, vimos que sus huellas tenían sólo un zapato, y luego los pies descalzos porque tenía que quitarse los zapatos. Sus pies estaban hinchados y cubiertos de ampollas cuando la encontraron a las 9:30 de la noche. Es difícil procesar la soledad que sintieron esos niños en esas montañas durante horas y horas, algunos heridos, todos aterrorizados, cargando en  brazos a los que estaban en peores condiciones”.

Un Crespón Negro. ¿Cómo es posible que hayamos llegado a estos niveles de violencia? De seguro tú también te lo preguntas, querido lector. Mientras tanto no queda más que cuidarnos, poner un crespón negro en nuestro corazón y exigirle al gobierno que despierte y cambie la estrategia: ya vimos cómo le respondió el crimen organizado a la patética frase de “abrazos, no balazos”. Le respondió con un disparo en el pecho de un bebé de ocho meses. Así o más claro, distinguidos señores.

Que tu fin de semana sea pacífico, amable y armónico; en estos tiempos, esa es ya una gran fortuna.

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