tecla 7/6 La larga noche del cementerio

En la digna sede de El Imparcial una  veintena de propietarios y directores de medios de comunicación, en agosto del 2005, suscribían la Carta de Hermosillo. El clima de impunidad y de violencia desatado en contra de ejercicio periodístico, exigía una Basta Ya. Todavía en aquella reunión nos acompañaría un periodista de la talla como la de Jesús Blancornelas. Para darle seguimiento a los acuerdos se dispuso de otro encuentro, ahora en otro medio inyectado por la  sangre revolucionaria generacional, como lo es El Mañana de Nuevo Laredo, pero hasta la sala de redacción de aquel diario sería alcanzada por los granadazos y balazos. El clima empeoró, se hizo mas larga la fila de cruces. A 13 años y medio de la Carta de Hermosillo, el gobierno federal daría un mecanismo de protección al periodista, en los hechos, sin embargo taL voluntad oficial sólo quedaría con el paso del tiempo como un agravio mas al gremio, no como acción de justicia y de certeza de seguridad en la profesión.

 

En aquel agosto del 2005, ante la lacerante realidad se advertía en la Carta de Hermosillo:

“Nosotros, directivos de periódicos mexicanos reunidos en el Encuentro de Editores Fronterizos, atestiguamos con creciente alarma el número de asesinatos y agresiones cometidos contra periodistas, especialmente en el norte del país. Muertes y desapariciones de hombres y mujeres de la prensa han colocado a México, durante los últimos meses, en el primer lugar entre los países del continente en este ominoso tema.

“Nosotros, profesionales de la información, acompañados en este acto por colegas de la Sociedad Interamericana de Prensa, agrupación hemisférica genuinamente preocupada por esta situación, determinamos alertar a la sociedad sobre el daño que esta violencia criminal causa en el clima de libertades en el país, especialmente en la más preciada de las libertades, de la que se nutren todas las demás: la libertad de expresión.

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