Reflexiones cotidianas Transformación social de la humanidad

 

 

Parte III y última

Para una verdadera y profunda transformación de la sociedad se requiere una fe profunda, la convicción de que algún día lleguemos a vivir una vida plena, armónica, justa, democrática y con verdadera libertad. Actualmente el estado económico, social y político de las naciones  es desastroso, cruel y despiadado. La democracia, sostiene Samael Aun Weor, se ha desarrollado incorrectamente y hoy por hoy es sólo un ideal, un anhelo, una meta a la que se quiere llegar tarde o temprano.

Desde esta perspectiva, democracia es un pueblo sabiamente organizado,  no el apoyo equivocado a un dictador a o un grupo de mafiosos que engañan al pueblo con su labia y  retórica. Democracia no es el gobierno de la mayoría o de la minoría. Es el gobierno de todos en el cual se reflejan sabiamente mayorías y minorías. Como se dijo en otra entrega, la sociedad es la extensión del individuo y lo que es el individuo es la sociedad. Para lograr este anhelo, se requieren hombres libres, se requiere que el individuo se haga libre.

Se necesita un hombre libre de esos yoes que le gobiernan; yoes del egoísmo, avaricia, envidia, lujuria, pereza, gula e ira. Porque no se puede concebir una sociedad perfecta e inteligente, dueña de sus propios destinos, si el individuono es perfecto y dueño de sus propios destinos. El individuo actual no se sabe gobernar así mismo y por ello necesita que lo gobiernen, requiere leyes que obedecer, líderes a quien seguir, políticos o partidos por quien votar y confiar.

Edición impresa digital aquí