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Reflexiones cotidianas Moksha, liberación

La búsqueda de la libertad ha sido uno de los anhelos más grandes de la humanidad. Desde la liberación de la esclavitud que se vivió en el pasado, la liberación un pueblo que es oprimido por otro, hasta la liberación de nuestra mente. Estamos sujetos a un tipo de esclavitud muy sutil, de tal forma que no nos damos cuenta. Pensamos que somos libres, a pesar de vivir en un país con democracia y libertad en diversos sentidos, esa libertad es insuficiente. Sentimos que algo nos mantiene prisioneros, somos infelices porque algo nos ata o nos tiene privado de un cierto tipo de libertad.

Cuando Nelson Mandela estuvo privado de su libertad durante 27 años, él decía: “Podrán encarcelar mi cuerpo, pero mi mente nunca”. Es verdad, tenemos ese don de sentirnos libres, aunque estemos encerrados en una prisión de cuatro paredes. Víctor Frankl, que estuvo preso en un campo de prisioneros alemanes, pese a la gravedad del asunto y a que en cualquier momento podían llevarlo a un horno crematorio, puso a trabajar su mente y él se veía libre en el futuro, tenía fe y mantenía su mente ocupada en cómo sobrevivir. Para empezar, se dio cuenta que los alemanes tenían la creencia de eran una raza superior y los judíos inferiores a ellos y si veían a un judío débil, triste, con la esperanza perdida, a esos se los llevaban al horno de la muerte inmediatamente.

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