Reflexiones cotidianas Los avernos internos

Recuerdo de pequeño una imagen que estaba pegada detrás de la puerta de una casa. Era el infierno; en medio de espantosas llamas varias almas envueltas en llamas y sufrimiento. Esa imagen del infierno y los diablos me causó pavor en ese tiempo. ¿Qué es el infierno? Se nos ha dicho, sobre todo en la religión, en todas las tradiciones religiosas se habla de esos mundos infernales, el infierno, hades, tritocosmos, el averno, que ahí van a purgar condena aquellas almas que no se han portado bien en esta existencia.

El Averno era el nombre antiguo que se le daba, tanto por griegos como por romanos, a un cráter cerca de Cumas, Campania. De acuerdo a la Mitología romana era la entrada al inframundo. Posteriormente, la palabra pasó a ser simplemente un nombre alternativo para este. Jesús dice acerca del infierno: “Si lo que ves con tu ojo te hace desobedecer a Dios, mejor sácatelo. Es mejor que entres al reino de Dios con un solo ojo, que tener los dos ojos y ser echado al infierno, donde hay gusanos que nunca mueren, y donde el fuego nunca se apaga” (MARCOS 9:47, 48). En otra ocasión, habló de un período de juicio durante el cual les diría a los malvados: “Apártense de mí, malditos, vayan al fuego que no se apaga, preparado para el diablo y sus ángeles”. Y luego explicó que estos irían “al castigo eterno” (MATEO 25:41, 46).

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