Reflexiones cotidianas Los avernos internos III

En su marcha por los mundos infernales o inframundo, Dante mira, en lo alto de una puerta, la puerta del infierno, unas palabras escritas con colores oscuros:

“Por mí se va a la ciudad doliente, por mí se va al eterno dolor, por mí se va con la perdida gente. La justicia movió a mi supremo autor, me hizo la divina potestad, la suma sabiduría y el amor primero. Antes de mí no hubo nada creado, con excepción de los seres creados, con excepción de los seres creados, y yo duro eternamente. Dejen toda esperanza los que entran”. Significa que antes del infierno y su puerta sólo existían los cielos, los ángeles y los elementos o los seres eternos, pero las humanidades cayeron, vino la rebelión de los ángeles, los ángeles caídos y en esos mundos infernales fueron recluidas sus almas cuando fueron derrotados. No significa que ese infierno forme parte de un castigo divino. Ahí van las almas que han cometido muchos errores y van a purificar su alma e irán a uno de los círculos infernales o dantescos a pagar las consecuencias de sus actos. Se habla de nueve círculos y entre más abajo estén serán más terribles o escalofriantes lo que padecerán esas almas.

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