Reflexiones cotidianas El viaje del alma

 

 “Y oí una voz del cielo que decía: Escribe: “Bienaventurados los muertos que de aquí en adelante mueren en el Señor.” Apocalipsis 14:13

 

En la biblia se dice: “Hombre, acuérdate de que polvo eres y que al polvo volverás” (Génesis, Cap. 3, Vers. 19), frase que el sacerdote repetirá cada vez que aplique la ceniza en la frente de cada uno de sus católicos fieles en los llamados miércoles de ceniza, al inicio oficial de la cuaresma. Esta frase nos recuerda que la vida en la Tierra es pasajera y que la vida eterna se encuentra en otros espacios, sea en el cielo, en el treceavo Eón, en el Olimpo, en el Aín. Ese paraíso de donde todas las religiones dicen que venimos, al que alguna vez tendremos que retornar.

Las antiguas tradiciones tenían muy claro este concepto de la vida y afirmaban que esta vida, nuestro cuerpo físico es pasajero, es como un traje que nos prestan para vivir nuevas experiencias en este plano tridimensional. Nuestra alma, nuestra conciencia o esencia, no se sabe desde cuándo salió de ese espacio también llamado el absoluto. Afirman algunos maestros que un día Dios se quiso experimentar y se dividió como en pequeñas gotas de agua, gotas de ese gran océano con libre albedrío y hemos vivido muchas vidas, posiblemente aquí y antes en otros mundos o universos.

El viaje del alma es indescriptible, pero no recordamos esas vidas anteriores. Antes posiblemente fueron sublimes, de luz, de sabiduría y gran intuición; hoy estamos muy limitados con nuestra conciencia fragmentada, de tal suerte que apenas si recordamos algunos momentos de nuestra infancia. Por ignorancia creemos que sólo venimos a vivir esta vida y las religiones nos dicen que si nos portamos bien nos vamos al cielo, de lo contrario al infierno. No tenemos más que estas dos opciones.

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