Reflexiones cotidianas El purgatorio, los perezosos V

Cuarta Grada (La Pereza)

En el Canto XVII y XIX Dante describe la grada de la Pereza, en esto tuvo un sueño; en él se le aparece una sirena, quien le indica que con sus cantos atraía a los marinos y los seducía. Ulises para no escuchar sus cantos se tapó los oídos; son los cantos de esas sirenas que nos incitan a las pasiones mundanas, tales como la pereza. Luego se le aparece una mujer santa que la confunde y le grita llena de cólera: ¡Oh, Virgilio, Virgilio! ¿Quién es esta? Virgilio se acercó a la mujer sirena, le rasgó las vestiduras y la descubrió por delante mostrándole a Dante su vientre, y el hedor que de él salía le despertó.

Virgilio le dice a su alumno: – Tres veces por lo menos te he llamado. Levántate y busquemos la puerta por la que has de entrar. Antes, Dante le pide a Virgilio que le explique qué es el amor al que reduce todo buen obrar (diligencia) y su contrario (pereza). Virgilio le dice:- El alma, que es creada capaz para amar, es movida hacia toda cosa que le place tan pronto como el placer la activa. Aquí describe a la virtud de la diligencia, contrario a la pereza. Su facultad aprehensiva de las cosas reales obtiene de ellas una imagen y la desenvuelve dentro de ustedes, hasta presentarla al alma; y si ésta se ve impulsada a apoderarse de ella, ese impulso es el amor natural que de nuevo actúa en ustedes. Luego dante describe a un grupo de almas que venían hacia ellos a grandes zancadas impulsadas por la buena voluntad y el justo amor, queriéndose redimir de su pecado la pereza y gritaban: – ¡Pronto, pronto, que por falta de amor no se pierda el tiempo! Que el deseo de obra bien reverdezca la gracia.

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