Reflexiones cotidianas El paraíso, La divina Comedia V, Saturno y estrellas fijas

Séptimo cielo (Saturno)

Al arribar al séptimo cielo, Saturno, Beatriz le dice a Dante: -Hemos subido al último esplendor, que el pecho del león ardiente (bajo a constelación del león, irradia ahora a la tierra mezclado con su virtud. Luego le pide que fije su mente donde haya puesto los ojos y haga de estos u espejo a la figura que se le aparecerá. Luego vio una escalera de color de color en el que se refleja un rayo de color oro en el que se refleja un rayo de sol y tanto se elevaba que sus ojos no la podían seguir. Por ella descendió tanta luz que pensó que todas las luces del cielo se habrían difundido ahí; esa luz correspondía a Pedro degli Onesti, fundador del monasterio de Porto, cerca de Roma. Entre otras cuestiones este Pedro le hace una crítica a los pastores modernos, que dice, quieren que los apoyen de un lado y otro y – tan pesados están- los lleven y que hasta por detrás les tengan cola. Cubren con sus mantos los palafrenes (un tipo de caballo manso que solían montar las damas y las señoras como en los torneos o justas o en las cacerías), de suerte que bajo una misma piel marchan dos bestias.

Luego Dante vio muchas luces bajar y estas giraban de grada en grada y aumentaban su belleza a cada giro, hasta llegar a Pedro degli y esas lucen dieron un grito tan fuerte que nada podía comparárseles. Beatriz le indica a Dante: – ¿No sabes que estás en el cielo? ¿Y no sabes que el cielo es todo santo, y lo que en él se hace procede de buen cielo?

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