Reflexiones cotidianas El origen del sufrimiento II

El sufrimiento por tanto no es necesario, ni para aprender, ni para permitir que nos robe energía y nos mantenga, a la hora que quiera, en el pesar, la angustia, tristeza, miedo, estrés. Continúo con la experiencia de la amiga que confesaba la situación actual, su sufrimiento. ¿A qué se debía este sufrimiento o por qué sufría? Ella decía que antes podía tenía experiencias maravillosas con divinidades o lo que algunas tradiciones denominan experiencias de luz, de sabiduría, conexiones con el Ser o espíritu. Pero de una fecha para acá esas experiencias no llegan más; al contrario, siente una gran tristeza en el alma y hasta se percibe atacada por seres invisibles.
En realidad, habría que observar de dónde viene realmente ese sufrimiento. Para ser precisos, el Ser no sufre, nuestra real naturaleza es divina, es luz, amor, es paz interior. Quien perturba nuestra alma o psique, son esos yoes, sombras de los ángeles caídos que nos crean la ilusión de que algo nos falta, que no estamos completos, que hemos perdido nuestra conexión con Dios, la luz y nos crean el deseo de volver a mantenerlo, a vivir esas experiencias espirituales, pero desde su propia cartografía o desde su visión. Es decir, a través de la duda, del sufrimiento. Viene la duda, la duda es de esos yoes, no del Ser. Dudamos de nuestra real naturaleza, creemos que somos lo que esos yoes nos proyectan a través de nuestra falsa personalidad. Esto es, a través de cómo nos concebimos en los diversos planos o roles de nuestra vida. Realmente pensamos que esos roles son nuestra verdadera naturaleza. Rol de hijo, padre, madre, estudiante, profesionista, empleado, comerciante, político, amigo, etc. Esas son sólo máscaras que nos ponemos para actuar los dramas de nuestro diario vivir, pero los vivimos desde esa visión que esos yoes nos proyectan desde sus deseos.

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