Reflexiones cotidianas El apego y el sufrimiento

Reflexiones cotidianas    El apego y el sufrimiento
  Cuando un ser querido fallece, sus familiares se sienten tristes, desesperados y sufren la pérdida de alguien, sea la esposa, el esposo, los padres, los hijos o algún familiar cercano, inclusive un amigo muy estimado. Si llevan al difunto a un panteón o al crematorio, al momento del entierro o la cremación las personas lloran, gritan y hasta se desmayan. La ausencia de ese ser deja un vació, una pena, unas sensación extraña que roba energía y obviamente la paz interior, la felicidad. ¿Por qué sufren estas personas? Una, porque sienten miedo y ese difunto les recuerda que algún día ellos van a cruzar esa misma senda y como no saben qué pasa después de la muerte ni a dónde van las almas, el temor, inconsciente o consciente se aviva. Pero existe otra muy importante que tiene que ver con el apego. Un día mientras Gurú Nanak, antiguo maestro Sikh de la India efectuaba su acostumbrada reunión matutina con sus seguidores, un discípulo, llorando amargamente cayó a sus pies y entre sollozos le dijo: “He perdido a m i único hijo. Estoy arruinado mi querido gurú, mi esposa y yo no encontramos paz, nada nos consuela.”  El gurú le dijo: “Hermano ten valor. No hay nadie en el mundo que no haya sufrido la pérdida de un ser querido. Los primeros que parten son aquellos bajo cuyo cuidado cariñoso crecimos de la infancia al estado adulto. Luego, uno a uno se van aquellos a quienes amamos y admiramos. El sufrimiento tiene sus raíces en el placer, sufrimos cuando aquello que nos da alegría se nos arrebata.”
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