Reflexiones cotidianas Diálogo entre dos sabios

Reflexiones cotidianas    Diálogo entre dos sabios
    En sus viajes de peregrinaje y de enseñanza por la India, el Guru Nanak, al llegar a la ciudad de Parkpattan, junto con sus dos acompañantes, se sentó debajo de un árbol y se puso a cantar esta canción: Tú mismo eres el cuaderno. Tú el lápiz y la lapicera. Tú también la palabra escrita. Tú eres el único, no hay otro.   Cerca quedaba el santuario de un jeque, llamado Farid-Ud-din, un gran musulmán sufí del siglo XII. El custodio de ese santuario era el jeque Behran, llamado el segundo faridy director de una escuela de sufís. Uno de sus discípulos fue a recoger leña y al pasar cerca de Guru Nanak el himno le conmovió profundamente, por lo que se acercó y se sentó cerca del Guru. Más se sorprendió al ver que los acompañantes de Nanak eran de dos razas distintas y hasta antagónicas en esos  tiempos. Uno era musulmán, de nombre Mardana y otro hindú llamado Bala. Impresionado el discípulo fue a contarle al jeque Behran.
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