Reflexiones cotidianas Caridad o avaricia

 

La avaricia es uno de los siete pecados capitales que gobiernan la psique humana. Su origen, como el todos los llamados pecados capitales, está en el deseo. Un hombre avaricioso no tiene llenadera, siempre quiere más y más; más poder, más riqueza, más felicidad.  Del latín avaritia, la avaricia es el afán o deseo desordenado y excesivo de poseer riquezas para atesorarlas. Otra definición es. “…Una inclinación o deseo desordenado de placeres o de posesiones”. También se define a la Codicia como “…El afán desmedido de riquezas, sin necesidad de querer atesorarlas.”

En la Biblia existen muchas referencias a este agregado psicológico. En Jeremías 22:17 dice: “Mas tus ojos y tu corazón NO SON SINO PARA TU AVARICIA, y para derramar sangre inocente, y para opresión y para hacer agravio”. En el Eclesiástico 14, 3 al 19 dice: “Al avaro no le sienta bien la riqueza, tampoco los bienes al envidioso. El que atesora a costa de privaciones, atesora para los demás. Otros gozarán de sus bienes. El que es malo consigo mismo, ¿con quién será bueno? No goza de sus riquezas… El hombre de mirada codiciosa es un malvado, que aparta los ojos y desprecia a las personas. El ambicioso no está contento con lo que tiene, la injusticia mala seca el corazón. El ojo envidioso codicia el pan del otro, en su mesa estará triste y hambriento… Antes de morir, haz el bien a tu amigo y de acuerdo a tus bienes sé generoso… Como hojas verdes en árbol frondoso; caen unas y brotan otras; así las generaciones de carne y sangre; una muere y otra nace. Toda obra corruptible desaparece, y su autor se va con ella”.

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