Polvo de Estrellas

Polvo de Estrellas
“¿Es el hombre sólo un error de Dios, o Dios un error del hombre?” --Friedrich Nietzsche. A todo el mundo le quedó claro que la ocurrencia vaticana en el sentido de ´”prohibir” que las cenizas de los difuntos sean esparcidas, ya sea en el mar o en el campo, o conservadas en casa de los deudos, lleva en su seno criterios netamente mercantiles. Antes de que se pusieran de moda las cremaciones, la iglesia tenía el monopolio de las tumbas y muchos panteones fueron habilitados en los atrios; pero ahora, con esta romántica costumbre de lanzar las cenizas al viento, o la más creepy de conservarlas en el hogar, sobre una repisa de honor, la eclesiástica institución ve mermados sus ingresos por concepto de nichos. Con todo respeto a los señores de la sotana, y ya que andan de creativos, ¿podrían mejor hacer algo para solucionar el mucho más acuciante problema que causa su medieval ley del Celibato? Habrá quienes argumenten que se trata de asuntos privados de la Iglesia, y así sería de no ser porque sus consecuencias las paga, de manera trágica, una sensible capa de la población.
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