Teclas 7/6 No hay buenas noticias

Teclas 7/6    No hay buenas noticias
    Presidente Enrique Peña Nieto, ¿percibes el hartazgo? Gobernador, Aristóteles Sandoval, ¿podrás ser puente de interlocución con el Presidente, en la próxima reunión de la Conago, en la que se hablará de las garantías para el periodismo, de plantear, así como se siente, de lo encabronado que está el gremio por un luto que se hace permanente? Duelen las sonrisas perdidas. Duelen las teclas que dejarán de tocarse. Duelen los días en los que se pretende imponer el miedo para secuestrar la voz. Duele el desconsuelo, las lágrimas que ruedan por las mejillas por el funeral anticipado. Duele y vuelven a doler las mañanas ensombrecidas por criminales, incapaz el Estado de parar en seco tan manifiesta impunidad. Duele el retraso de la acción gubernamental, en lugar de la certeza la reacción. Duelen las marchas, las protestas, los plantones, que una y otra vez corra la indignación, porque es indicador que los asesinatos siguen. Duele la muerte de Javier Valdez. Duele la sentencia de muerte y cala el cinismo político, cuando el gobernador de Sinaloa alude que el pueblo está agraviado por tan cobarde asesinato. Y si hay un país agraviado no sólo por quienes jalaron de los gatillos y ordenaran que se disparara, el agravio social se da por la falta de contundencia contra la impunidad. Agravia la reacción del político, ofende el discurso tardío. Duele el artículo uno constitucional, en el que se nos habla de libertad. Pero, ¿cuál libertad Presidente, Gobernador, viviendo con miedo? ¿cuál libertad Presidente, Gobernador, con la sangre que mancha a la libertad de expresión y que por tal enroja a la democracia? ¿cuál libertad, Presidente, Gobernador, con los corazones sacrificados por la sin razón y los hogares lastimados por las sonrisas que ya no se cruzarán? Se dice, en la garantía constitucional: “Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”. Pero se está atentando contra la dignidad humana y se pretende menoscabar libertades y derechos. El Estado no blinda al artículo uno constitucional, como los periodistas con sus cuerpos, de carne y huesos, no están blindados contra las balas. Cada disparo contra periodistas, contra activistas, contra ciudadanos de cualquier sector o profesión, contra el precepto constitucional citado, es un disparo contra la Constitución, convertida en un cuarto frío para espíritus como el de Belisario Domínguez, con un Congreso de la Unión ajeno a lo que pasa con la Carta Magna y sus ciudadanos, mas preocupado por los privilegios del erario público, los moches, y las indolentes prerrogativas partidistas. Las voces que matan sólo quedan para el discurso legislativo. Duelen los días que se van. Duele cada palada al féretro. Duele cada rezo. Duele el abrazo que no conforta. Duele la esposa que ya no tendrá las caricias del esposo, duele la protección de la madre que ya no llegara a la hija. Duelen las historias de periodistas asesinados. Duelen tantas cosas que están pasando. No hay buenas noticias.  
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