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La imperdible encíclica del Papa Francisco

Papa Francisco

En los últimos días llamó la atención las declaraciones del Papa Francisco que, como parte de un documental, hizo con respecto a la unión de personas del mismo sexo:

“Los homosexuales tienen derecho a estar en una familia. Son hijos de Dios y tienen derecho a una familia. Lo que tenemos que hacer es crear una ley de uniones civiles. Así están cubiertos legalmente. Yo apoyé eso”.

Personas de todo el mundo se sorprendieron, sin embargo, es una postura que nunca ha negado Jorge Mario Bergoglio, aunque no lo había dicho tan claramente. En un país como México, en el que las nuevas generaciones se han desprendido rápidamente del catolicismo por sentirse excluidos o no identificarse con ciertas posturas, me atrevo a pensar que es un gran paso en la renovación de esa asociación religiosa que a todas luces necesita reconquistar a sus fieles.

Hace apenas unos días, justo el 3 de octubre, inspirado en San Francisco de Asís, el Papa Francisco escribió su tercera encíclica Fratelli tutti. En ella habla sobre la fraternidad y la amistad social. Es un texto mucho más profundo de lo que podemos imaginar. Es un regaño casi poético que traspasa las barreras religiosas e incluso temporales; creyentes o no, es una misiva con el nombre y apellido de todos. Es un texto que puede ser leído desde cualquier latitud y pareciera que fue escrito pensando en nosotros, en este particular contexto que nos rodea.

Los jerarcas de distintas corrientes dentro de la misma Iglesia expresaron su descontento y era de esperarse, Francisco critica severamente el orden global, a las ideologías predominantes, a diversas posturas políticas como el neoliberalismo: “el mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. 

Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente. El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico ‘derrame’ o ‘goteo’ —sin nombrarlo— como único camino para resolver los problemas sociales. No se advierte que el supuesto derrame no resuelve la inequidad, que es fuente de nuevas formas de violencia que amenazan el tejido social”. 

Pero también al populismo: “el desprecio de los débiles puede esconderse en formas populistas, que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos”. “Otra expresión de la degradación de un liderazgo popular es el inmediatismo. Se responde a exigencias populares en orden a garantizarse votos o aprobación, pero sin avanzar en una tarea ardua y constante que genere a las personas los recursos para su propio desarrollo, para que puedan sostener su vida con su esfuerzo y su creatividad”.

Reprocha a la sociedad e incluso a su propia institución. En referencia a una parábola, comenta: “esto es un fuerte llamado de atención, indica que el hecho de creer en Dios y de adorarlo no garantiza vivir como a Dios le agrada [...] La paradoja es que a veces, quienes dicen no creer, pueden vivir la voluntad de Dios mejor que los creyentes […] A veces me asombra que, con semejantes motivaciones, a la Iglesia le haya llevado tanto tiempo condenar contundentemente la esclavitud y diversas formas de violencia. Hoy, con el desarrollo de la espiritualidad y de la teología, no tenemos excusas”.

Hace una profunda reflexión con respecto a los migrantes y a la situación que se vive en diversas partes del mundo. Nos llama “analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles de nuestras sociedades desarrolladas”.

También hace una crítica sobre los derechos humanos asegurando que éstos no son suficientemente universales porque no son iguales para todos. Retoma el caso de la realidad de las mujeres: “el mundo todavía está lejos de reflejar con claridad que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e idénticos derechos que los varones. Se afirma algo con las palabras, pero las decisiones y la realidad gritan otro mensaje”.

Cuestiona el significado actual de algunas expresiones como democracia, libertad, justicia y unidad: “han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación, como títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción”.

Detalla una serie de propuestas y acciones concretas para apoyar temas migratorios y de desarrollo social sin perder la perspectiva de que todos pisamos el mismo suelo y todos somos responsables de él.

Es un texto filosófico que vale la pena leer, invita a la reflexión. Una encíclica ad hoc en la coyuntura actual del mundo.

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