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El estado opresor es un macho violador

El estado opresor es un macho violador
Las mujeres en el mundo este año que está por terminar, hemos visibilizado con mayor intensidad las violencias que subsisten en la sociedad; ya no solo se ha puesto sobre la mesa todas aquellas conductas que nos desaparecen y matan, también están saliendo aquellos patrones que aparentaban ser “correctos” y que escondían estos micro machismos: los acosos callejeros, los acosos escolares, los privilegios de los varones que están en situación de poder, los estereotipos en los medios, en los comerciales, en el arte, en el cine, en las escuelas. Este año las mujeres decidimos salir de nuestros espacios y manifestar que nuestros derechos ya no pueden estar sujetos a los otros y que seguiremos denunciando y visibilizando a los agresores y a sus violencias. Ayer fue el día de los derechos humanos y para no variar, las autoridades locales de este bello puerto brillaron por su ausencia; ya es costumbre el silencio del Alcalde en estos temas, ya sea por desconocimiento o por no ser importantes en su agenda, pero guarda hermético silencio y ojalá solo fuera la ausencia del discurso respecto al día y lo que representa, lo realmente grave es el silencio que existe en las políticas públicas de protección, vigilancia y promoción de los derechos humanos. “El estado opresor es un macho violador” reza una de las frases de la proclama chilena, frase que le queda al dedo a la actual administración municipal: desde la oficina de independencia 123 solo salen los programas que el mero mero “cree” que son los que se necesitan para cumplir con su obligación constitucional en el tema. Este año, las mujeres en Vallarta a pesar de que le hicimos la “tarea” al alcalde y a su equipo, entregándole las políticas públicas, planes y programas de gobierno necesarias para que las mujeres podamos vivir en una ciudad segura, el estado opresor decidió que eso no era necesario y volvimos a quedar fuera del plan municipal de desarrollo para este trienio; grave, tomando en cuenta que desde el 2015 a la fecha van 38 mujeres asesinadas en este destino. Por otro lado, en la universidad con mayor matricula en la entidad, después de un lamentable suceso que puso en evidencia los machismos existentes en dicha institución, los funcionarios (varones) y como consecuencia del suicidio de Galilea, elaboran una propuesta para “eliminar” los riesgos que están expuestos los estudiantes, pero no respecto a las violencias que viven cotidianamente en las aulas; estos “sabios” funcionarios establecieron desde su visión masculina lo que se tiene que hacer para que no existan más suicidios en la universidad, sin ver que el problema es mucho más profundo y estructural: las violaciones a los derechos humanos de la comunidad universitaria por los propios integrantes de dicha comunidad. En ambas situaciones, quienes han decidido cómo proteger los derechos humanos de quien tienen la responsabilidad de cuidar lo han hecho de una manera parcial, corta y machista: el primero porque se cree que por ser el alcalde, lo que decide es lo correcto para protegernos a las mujeres en Vallarta, y los segundos, porque suponen que por tener un grado de estudios, les da la capacidad y calidad para instrumentar acciones de protección; sin embargo, en ambos casos estos actores políticos olvidaron un aspecto fundamental en la creación de las políticas públicas: la participación de quienes tienen que proteger. Es como si alguien quiere dar un presente a una persona, pero desconoce los gustos, necesidades, prioridades o tallas de agasajado y a pesar de eso, decide comprarle ropa y calzado en color y numero que no le corresponde al destinatario; la consecuencia más probable es que no le queden los obsequios y tenga que solicitar un cambio de los mismos. Este en un ejemplo simplista si se quiere ver así, de cómo el estado opresor trata a las personas: no le importa lo que necesites o cuales sean tus prioridades, el estado machista te impone que ponerte, de que colores vestirte y como debes de lucir y después de eso, espera con una sonrisa que le des las gracias por ese presente que no te sirve de nada. La democracia no solo es votar en las elecciones, también implica para las autoridades, el escuchar y acercarse a quienes gobierna para así entre gobierno y sociedad, establecer las políticas públicas que se necesitan en cada una de las áreas y segmentos de la población. Pero no, eso no sucede en este destino; aquí, quien tiene el mando es quien establece que es lo que necesitamos, nos dice cómo debemos de comportarnos para no ser agredidos, nos sujeta a las incapacidades administrativas y gubernamentales de sus instituciones bajo el pretexto de que “ellos saben cómo hacerlo y por lo tanto, saben que necesitamos”. “El estado opresor es un macho violador” desde el momento que nos niega un espacio en las mesas de trabajo para construir reglamentos, programas, políticas; desde el momento que decide no recibirnos y escuchar lo que sabemos que necesitamos; desde el momento que nos imponen una agenda que no tienen nada que ver con la prevención y protección de nuestros derechos; desde el momento que deciden ignorarnos y prefieren seguirnos viendo como “incapaces” de saber lo que necesitamos. Por siglos, las mujeres hemos padecido este machismo: el varón es quien nos ha impuesto todo en nuestra vida: cómo vestir, cómo comportarnos, como seducir, como y que estudiar, cómo comportarnos en sociedad y en familia, cómo pensar y en que creer, y también nos ha impuesto lo que no debemos de hacer, y no por que no sea correcto, sino porque rompe la hegemonía masculina en la toma de decisiones: cómo no vestir, como no hablar, como no seducir, como no exigir derechos. El grito salió de Chile y ha dado la vuelta al mundo: “El estado opresor es un macho violador” y en cada ciudad que se repite, se le agregan los actores masculinos opresores: los policías, los jueces, los maestros, los jefes, los compañeros, los políticos, el presidente y terminan todos, en un contundente: “el violador eres tú”. Mientras los varones que están en las posiciones de decisión sigan excluyendo a las mujeres, nosotras seguiremos buscando mecanismos para seguir visibilizando las violencias y a los agresores, sean policías, maestros, jueces, políticos, jefes, compañeros o presidentes; mientras sigan pensando que ellos son los únicos que saben lo que necesitamos las mujeres, nosotras seguiremos poniendo el dedo en la llaga: “el machista eres tú”, otro año más que los derechos humanos en Vallarta seguirán en la larga lista de espera. Aprovecho para agradecer a Tribuna su apertura para visibilizar estas violencias que las mujeres en Vallarta padecemos, seguiremos colaborando en este medio en el nuevo formato que tendrá.
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