Noroña en la Convención Nacional Morenista: No claudicar

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César Iglesias

El pasado domingo 19 de junio en el Club de Periodistas comenzó un proceso sumamente importante la vida política del país, ya que arrancaron los diálogos circulares entre los candidatos a ocupar la Coordinación Nacional de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación y los integrantes de la Convención Nacional Morenista. 

La Convención Nacional Morenista emerge como un proceso político que se plantea un programa de izquierda en el seno del movimiento de la cuarta transformación, en su mayoría miembros fundadores que se aglutinaron a partir de ver con preocupación como el pragmatismo de la cúpula de Morena iba dejando atrás a compañeros y compañeras de lucha para colocar en su lugar a prianistas que en su pasado los habían combatido. 

No sólo eso, después de una serie de reflexiones se abordó la necesidad de empujar desde la izquierda el proceso de transformación radicalizándolo, esto es, yendo a la raíz que dio origen al partido movimiento recuperar el descontento social para emprender transformaciones directas en el Estado. 

La cabeza más visible del movimiento es el doctor John Ackerman, quien desde que asumió esta defensa de los principios, y de mantenerse en la línea de privilegiar al movimiento por sobre la burocracia, ha sido duramente atacado y denostado en muchos sectores de Morena, contra viento y marea el movimiento de la Convención Nacional Morenista logró establecer una ruta clara para recuperar al partido y abrirse al diálogo, pero sin abandonar el programa de izquierda. Todo esto se le dijo directamente al presidente del Consejo Nacional de Morena Alfonso Durazo, y parece ser que supo leer el momento. 

A pesar de muchas voces que buscaron individualizar el descontento haciendo una lucha personal de Ackerman, la Convención Nacional Morenista supo organizarse a lo largo y ancho del país mostrándose como una fuerza nacional que está dispuesta a no ceder ni un paso en el proyecto de transformación y para ello ha construido una propuesta de programa posneoliberal como está sucediendo en casi toda América Latina dentro de los partidos progresistas.

El resultado ha sido muy positivo, la Convención Nacional Morenista hoy tiene un documento titulado “Proyecto de Nación 2024-2030 por la radicalización de la cuarta transformación desde las bases”, superando el sectarismo de un pequeño y reducido número de intelectuales que aún sueñan con regresar al estalinismo de una u otra forma. 

A partir de tener el programa, es justamente como inician los diálogos circulares con los aspirantes presidenciales porque al interior de la Convención se acordó que lo que importaba era la transformación y no quien abandere para ocupar la presidencia de la república. El primer aspirante que aceptó llevar a cabo dicho diálogo fue Gerardo Fernández Noroña. 

El diálogo fue un proceso desde la militancia, hablando francamente y desde la perspectiva estratégica. Para Noroña la Convención es una necesidad histórica dentro de Morena, y es que lo que se debería estar privilegiando entre compañeras y compañeros de izquierda es el debate, cosa que se ha cancelado al interior del proceso de elección de candidato. 

El debate para Noroña es el arma para poder proponer ideas y mejorarlas, pero también para mostrar desacuerdos y establecer líneas de acción conjuntas, somos la militancia quien debería de cara a la nación estar en este proceso, pero desde la actual dirigencia nacional se ha impedido tal ejercicio, lo que es un franco retroceso, ya que no se concientiza a la base social sobre la situación actual del país ni la necesidad de seguir transformándolo. 

Noroña fue claro en mencionar que al no mentir, no robar y no traicionar del presidente López Obrador habría que agregar no claudicar y no simular, y aquí una propuesta extremadamente necesaria, y es que si uno lo piensa detalladamente no es posible que ahora la izquierda cometa el mismo error que Rafael Correa con Lenin Moreno en Ecuador. Donde llevaron a un simulador a la presidencia y ya estando ahí claudicó y se dedicó a atacar al partido que representaba a tal grado de criminalizar a sus antiguos compañeros de lucha.  

Esto va a acompañado de una propuesta fundamental para el siglo XXI en México, que fue parte de los grandes fracasos del siglo XX, la necesidad de democratizar a los partidos políticos para dejen de ser franquicias de unos cuantos y pasen a representar los intereses de las mayorías sociales. 

El compañero diputado con licencia Noroña además hace una crítica muy dura respecto a de los cuestionamientos de por qué no basta con ser miembro fundador de Morena para ocupar un cargo, también debe de haber organización, es decir, hay que apostar por la movilización social para que los compañeros del partido puedan acceder a cargos de elección popular, de otra forma el sectarismo se impondrá. 

Alienta a respetar el proyecto histórico que está llevando a cabo en este momento López Obrador, y sobre todo alerta a defenderlo ante una extrema derecha desesperada, la ruta que ya conocemos sobre el fraude electoral la podrán repetir, pero ahora con la condición de que no quieran reconocer el triunfo del movimiento en el 2024 y lleven a una crisis constitucional como lo han hecho en otros lados del mundo, especialmente en Venezuela, pero que también han aplicado en Estados Unidos. 

Hubo un punto de desacuerdo importante con la Convención Nacional Morenista y Fernández Noroña y tiene que ver con que la Convención ha decidido no invitar ni a Ricardo Monreal ni a Manuel Velasco a los diálogos circulares. Para Noroña hoy más que nunca se necesita de todos para combatir a la extrema derecha en el país, y es un error táctico e incluso lo calificó de sectario cerrarse a no invitar a estas fuerzas políticas dentro del movimiento. 

Aquí hay un apunte que me parece importante hacer, la Convención Nacional Morenista se está planteando cumplir con un programa de lucha que hay momentos que parece imposible realizar, pero justo esa es su función poner sobre la mesa elementos con los cuales poder pensar el porvenir, y en este caso en concreto la esperanza de que la izquierda pueda superar las condiciones que actualmente nos impone la correlación de fuerza, es decir, la Convención lanza en todo momento líneas de acción llenas de esperanza para poder cumplir con un programa necesario y urgente. Su guía a veces ética es un faro de luz en medio de profundas contradicciones. Esa es su tarea, la unidad del movimiento no debe darse a partir de creer que la línea debe seguirse sin cuestionamientos.

Lo de Noroña es un fenómeno que debe valorarse, en efecto, es el pueblo el que lo ha sostenido por su gran oratoria y su agudeza intelectual, no hay que dejar de lado sus propuestas, del debate de ellas depende el futuro de nuestro movimiento.