Mollera caída en bebés: ¿Qué dice la ciencia sobre este mito y cuándo es una emergencia médica?

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La expresión “se le cayó la mollera” es una de las frases más cargadas de simbolismo y urgencia en la cultura popular, especialmente en América Latina.
Durante décadas, se ha utilizado para explicar el llanto inconsolable o el decaimiento de un lactante. Sin embargo, lo que para muchas familias es un problema mecánico que debe “corregirse” manualmente, para la medicina es una señal de alerta sobre el estado interno del bebé.
¿Qué es realmente la “mollera”?
Médicamente llamada fontanela, la mollera no es un defecto ni una zona de debilidad extrema. Según explica MedlinePlus, se trata de una membrana flexible situada en la parte superior del cráneo, en el punto donde los huesos todavía no se han unido.
Esta estructura cumple dos propósitos vitales para el desarrollo:
- En el parto: Permite que la cabeza del bebé se comprima ligeramente para atravesar el canal de nacimiento.
- En el crecimiento: Facilita que el cráneo se expanda al mismo ritmo acelerado que el cerebro durante el primer año de vida.
El mito del “desplome” craneal
Existe la creencia de que la mollera se cae por un susto, un destete abrupto, por cargar incorrectamente al niño o por la fuerza de succión del biberón.
No obstante, la Academia Americana de Pediatría (AAP) es enfática: no existe un mecanismo anatómico que permita que la fontanela se “colapse” o se mueva de forma independiente.
Los huesos del cráneo están sujetos por tejido conectivo firme. Lo que los cuidadores perciben como una caída es, en realidad, una fontanela hundida, un signo clínico que indica que algo no marcha bien en el equilibrio de líquidos del organismo.
La deshidratación: El verdadero diagnóstico
De acuerdo con datos de Healthy Children y la AAP, una mollera visiblemente hundida es casi siempre un síntoma de deshidratación.
Al bajar el volumen de líquidos en el cuerpo, la membrana pierde tensión y se deprime, de forma similar a como la piel pierde elasticidad.
Para identificar si un bebé está en peligro, los padres deben observar si el hundimiento viene acompañado de:
- Boca o labios secos.
- Disminución notable en la cantidad de orina (menos pañales mojados).
- Llanto sin lágrimas.
- Letargo, irritabilidad o debilidad inusual.
El peligro de los remedios caseros
La ciencia advierte que intentar “subir” la mollera mediante masajes intensos, alimentación forzada o succión en la boca del bebé es sumamente peligroso.
Estas prácticas pueden causar lesiones bucales, asfixia o aspiración de líquidos, además de retrasar el tratamiento médico necesario.
El objetivo no debe ser modificar la forma de la cabeza, sino tratar la causa raíz, que suele ser una enfermedad gastrointestinal o una ingesta insuficiente de líquidos.
¿Cuándo acudir al pediatra de urgencia?
Un profesional de la salud es el único capacitado para evaluar la gravedad del cuadro mediante una exploración física y el historial de alimentación.
Se debe buscar atención inmediata si la fontanela hundida se presenta con:
- Fiebre.
- Vómitos o diarrea persistente.
- Somnolencia excesiva.
En última instancia, la ciencia reduce la “mollera caída” a dos causas principales: la deshidratación (la más común por calor o enfermedad) y la desnutrición (en contextos de vulnerabilidad). Ambas son tratables si se deja de lado el mito y se prioriza la hidratación y la consulta profesional.




