Mikel Erentxun conquista Guadalajara con un concierto de rock puro en el Diana

El músico español celebró cuarenta años de trayectoria con una presentación sobria y energética donde los grandes éxitos de Duncan Dhu conectaron con distintas generaciones de seguidores tapatíos
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Mikel Erentxun conquista Guadalajara

Guadalajara se rindió anoche ante un espectro de pelo blanco y energía inagotable. En un mundo musical donde las pantallas gigantes y las pistas pregrabadas parecen obligatorias, Mikel Erentxun aterrizó en el Teatro Diana para demostrar su talento.

A cuarenta años del nacimiento de Duncan Dhu, el rock and roll sigue siendo una cuestión de madera, metal y sudor. La escena era de una sobriedad casi desafiante sin pantallas ni recursos visuales modernos durante este concierto.

Solo el claroscuro de las luces y cinco músicos dispuestos a incendiar el recinto destacaron. El arranque fue engañoso con un público de cinco décadas acompañado por una sorprendente avanzada de jóvenes que inició pasivo observando con mucho respeto.

Mikel Erentxun conquista Guadalajara

Pero Mikel Erentxun, un auténtico frontman de estirpe quijotesca y gestos histriónicos, no permitió la calma por mucho tiempo. Una banda de virtuosismo prístino acompañó al donostiarra y llevó la ecualización a un nivel de perfección acústica muy destacable.

Rubén Caballero en la eléctrica, Mikel Azpiroz en los teclados, Fernando Neira al bajo y Mariano Goicoechea en la batería lucieron. El cantante empuñó su inseparable guitarra acústica con la maestría de quien ha hecho de ella su cuerpo.

El músico se mostró más rockabilly que nunca, más crudo y auténtico. El viaje emocional detonó con los clásicos. Cuando sonaron los primeros acordes de Esos ojos negros y Cien gaviotas, la barrera del asiento desapareció ante el público.

Mikel Erentxun conquista Guadalajara

La Casa Azul y Jardín de Rosas fueron el combustible necesario para que los asistentes pasaran de la contemplación al desborde. Para el encore, la entrega era total. El himno En algún lugar retumbó en las paredes del Diana.

Esta pieza funcionó como un grito generacional que ha logrado burlar al tiempo. El artista gesticulaba sorprendido con su icónica cabellera blanca y ese característico diente incisivo roto que le da un aire de pirata del rock muy especial.

La respuesta tapatía fue un apapacho que lo desbordó. En un arrebato de pura adrenalina ochentera, el español saltó del escenario hacia el pasillo. El cantante se revolvió con la audiencia tocando manos y abrazando a todos sus fanáticos.

Mikel Erentxun conquista Guadalajara

Muchos de ellos hace cuarenta años soñaban con esos mismos coros. Fue, sin duda, uno de los mejores eventos de los últimos años en la ciudad. No por la parafernalia, sino por la falta de ella en escena.

Esta presentación fue una cátedra de cómo el rock debe fluir como música y arte puro. La voz del cantante conserva la jovialidad de los años dorados y una presencia que se agiganta con la madurez del artista.

Anoche, en el Teatro Diana, el protagonista no solo celebró cuatro décadas de historia. Él nos recordó que el rock and roll, cuando es honesto, no necesita pixeles para brillar frente a sus seguidores en cada canción interpretada.

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Hugo Lynn