México no puede ser rehén de un pensamiento único

Beso en la mano

PARA EL FIN

Cuando el Rector Enrique Graue hace esa extraña genuflexión ante Delfina Gómez, no es que la UNAM se arrodille ante la SEP.

Cuando el Presidente López Obrador hace una sorpresiva crítica a la UNAM dizque para darle una sacudida, no es que México pretenda eso con su Máxima Casa de Estudios Superiores.

Ni Graue es la UNAM ni AMLO es México cuando, por motivaciones estrictamente personales, comprometen su investidura como Rector uno y como Presidente el otro.

La UNAM y todas las Instituciones Públicas de Educación Superior, ni ayer, ni ahora, están para servir a un régimen o a un gobierno; sean éstos del partido que sean. Están para servir a México porque son, esencialmente, reflejo de la diversidad de México.

Pensar que por recibir dinero público deben someterse a los designios de la autoridad en turno, es tan totalitario como creer que una escultura histórica de una importante calle de la capital del país, puede quitarse y ponerse al capricho de una persona.

México no puede ser rehén de un pensamiento único.

Entre más autoritario un gobernante, mayor es su encono con todos los entes autónomos que escapan a su control.

Por eso los rectores y directores de las universidades públicas y privadas deben saber que, entre más se inclinen, más se exponen a una injerencia.

Y entre más calladitos, se ven más chiquitos.

¿No cree usted?

Lo dejamos para el fin.

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