Los trabajos invaluables

0
750

Así como es posible que haya pasado en su colonia, también en la mía incendiaron un oxxo en la esquina. Pero no solamente incendiaron un establecimiento, sino el lugar donde el gato de la cuadra llamado “El güero” llegaba a recibir su paquetito de whiskas diario, el cual era subsidiado por los mismos vecinos. Al menos eso me llegó a contar una de las cajeras hace tiempo. O el lugar donde me sorprendía la infalible paciencia de los cajeros al atender a las personas de la tercera edad de la cuadra, ya sea para hacer un depósito o una simple compra. Usualmente demoraban sin importar el fin. Ir a “ese lugar” era hacerme la idea de que iba a tardar en la fila de atención, pero después comprendí que el tiempo de esta tienda se había tropicalizado al tiempo barrial por las personas que trabajaban en él. Mi intención de compartir estas memorias banales, viene de una sensación colectiva de duelo, y a la vez de un ejercicio por traer a la memoria las cosas, personas y especies que nos han enseñado a resistir en conjunto y que, en la rapidez de nuestro tiempo, hemos invisibilizado.

La incertidumbre llegó a nuestras puertas este domingo, cuando diversas franquicias de multiservicio fueron puntos de ataque, junto con automóviles y otros medios de transporte incendiados a causa de la detención y abatimiento de “El Mencho”. Al día siguiente de estos sucesos, las desplazadas tienditas se asomaron, abrieron sus cortinas con todo el miedo, pero también toda la generosidad que las ha mantenido abiertas y en resistencia a los cambios que ha traído la llamada “plusvalía” en sus colonias. Por otro lado, quedaron las tiendas oxxo desoladas. Y aunque estemos hablando de una franquicia transnacional, todo se puede reducir  a preguntar, ¿estarán bien aquellos cajeros que  nos saludaban amablemente o que nos volteaban los ojos? ¿Aquella que hacía la “colecta” para el güero?

Bajo esta reflexión, las personas son quienes construyen a las instituciones y empresas, hablando desde el museo más visitado del mundo, como es el Louvre (actualmente en una visible crisis de seguridad y laboral), hasta el OXXO de la esquina de nuestras casas que varias veces nos sacó de “apuros” y la tiendita de nuestro barrio a la que ya no íbamos tanto, porque “ya no estaba tan surtida”. Esta escasez de víveres es un buen momento para volver a replantearnos nuestros hábitos de consumo diario desde una perspectiva más ética y desde la empatía hacia las personas que nos atienden, y que gracias a su labor honrada, “ese” lugar se sostiene.  Ahora, viene la pregunta crucial, ¿estos lugares les sostienen a ellos?

El problema de subsistir en un mundo globalizado es que todo se conecta por hilos negros. Un ejemplo sería como a través de la pregunta anterior podríamos recordar lo crucial que son los derechos laborales; estar asegurado, continuar la conversación de la jornada de 40 horas, contar con prestaciones o finiquito en caso de despido, saber que, si el día de mañana se cae el mundo, estarás bien.

El trabajo de los(as) otros(as) vale siempre, pero hemos de apreciarlo más en una contingencia tan grande como la hemos vivido el domingo pasado en Puerto Vallarta. Que no se nos olviden las tienditas, los chóferes de camión, los taxistas, los cajeros(as), los vecinos(as) y el mismo güero. Porque en la empatía hacia lo más vulnerable, allí reside nuestro rastro de humanidad.

Google news logo
Síguenos en
Google news logo
Sayuri Sánchez