Lemus, Munguía y el hoyo negro en Puerto Vallarta

Puerto Vallarta sufre una conmoción desde el año 2012 cuando el Gobernador de Jalisco y el Alcalde electo de Puerto Vallarta encabezaron una invasión y toma silenciosas de la red gubernamental y del tejido social, importando para ello personajes que hoy dominan e imponen su ley en este destino turístico.
En esa primera administración del partido Movimiento Ciudadano, la preparación académica y la experiencia profesional dejaron de ser relevantes como requisitos indispensables para ocupar un cargo de responsabilidad política o administrativa en el principal y más importante Municipio turístico de playa de Jalisco y uno de los cuatro más importantes de México.
El mérito empezó a ser sustituido por la lealtad, la fama, la popularidad y la sumisión ciega, arrastrando al destino turístico a un hoyo negro que hoy en día socava y debilita las bases y cimientos en los que se apoya y soporta la estructura y desarrollo económico, político y social de Puerto Vallarta.
Se abandonó el concepto del servidor público y se adoptó el de autoridad; se despreció el trabajo en Ayuntamiento y se ejerció el poder unipersonal del Presidente; se desdibujaron las delegaciones y las agencias y se estimuló la centralización; los ejidos, sindicatos y agrupaciones empresariales, se volvieron membretes y cascarones sin liderazgo y sin interlocución; hasta la jerarquía católica se dejó arrastrar y succionar por la presión negativa generada por ese hoyo negro.
Ese trienio, con su inexplicable interinato, marcó el final del colectivismo y asociacionismo que había caracterizado y era una tradición en la gobernanza de Puerto Vallarta; municipio orgullosamente jalisciense cuyo carácter como destino turístico de nivel internacional, se había forjado con el esfuerzo de los propios vallartenses, a pesar o en contra de todas las adversidades, incluyendo el poco apoyo de los gobiernos estatal y federal.
El hoyo negro se expandió y profundizó en las gestiones municipales siguientes y hoy, nuestro municipio es una cobija desgarrada por todos los que la estiran para su beneficio; es una cadena de oro rota porque todos le han arrancado sus eslabones.
Desde ese 2012 y hasta el día de hoy, un individualismo salvaje (del sálvese quien pueda) desarticuló la base y el pacto social de Puerto Vallarta, distorsionando los equilibrios que estimulaban el desarrollo y la sana convivencia de la que disfrutaban tanto los residentes como los visitantes.
Tenemos un gobierno municipal desorientado y perdido; un sector empresarial dividido y desinteresado; un sector social cooptado y sometido; y una jerarquía católica desinteresada y autoexcluida.
Hoy Vallarta se gobierna con la arrogancia de la ignorancia y con la soberbia de la miseria.
Vallarta le sigue quedando muy grande a sus gobernantes y es necesario aceptarlo.
El tejido social está fracturado y es urgente y necesario reconstruirlo.
El gobierno municipal está rebasado y es urgente y necesario cambiarlo.
¿Alguien podrá restablecer el orden?
YM




