La vida como viaje

Herminio Otero Martínez

A lo largo de la historia, el colapso de algunos Estados y la formación de otros nuevos, la violencia social o la pobreza han provocado huidas masivas: esclavos transportados de un continente a otro (unos 12 millones de negros fueron obligados a cruzar el Atlántico entre los siglos XVI y XIX), gente que huye de grandes hambrunas o de una guerra en la que ha sido derrotada, minorías étnicas o individuos perseguidos por causas raciales, políticas y religiosas.

Pero existe otro tipo de viajes para los seres humanos a través de los siglos. Hemos convertido también el camino de la vida en el viaje definitivo sin atisbar que nos conduzca a otro mundo “que es morada sin pesar”, pero de alguna forma nos damos cuenta de que es verdad que “cumple tener buen tino para andar esta jornada sin errar”.

El viaje del ser humano tenía un origen (“Partimos cuando nacemos”) y un sentido (“andamos mientras vivimos”) pero nunca sabía cuál iba a ser su destino cierto, a no ser que coincidiera con el viaje soñado e imaginado que se va haciendo realidad en cada paso. Ahora hay pocos viajeros y muchos turistas. El turista sabe que va a volver al lugar del que partió y va a regresar algo más cansado pero no muy cambiado; el viajero sale y nunca regresará al mismo sitio ni con la misma actitud y vivencia con que partió.

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