La ciudad imaginada Nostalgia del cine

La ciudad imaginada    Nostalgia del cine

    Un momento que atesoro con mucha nostalgia es mi primera visita al cine. Calculo que tendría unos cinco años de edad cuando mi padre nos llevó, a mi hermano mayor y a mí, a la proyección de El Cid Campeador. No recuerdo la trama de la película pero sí la sensación desconocida de aquel espacio oscuro y enorme donde se proyectaban historias en la pantalla. Esta primera incursión sucedió en el cine Morelos en la década de 1970. Del lugar solo queda un vago recuerdo en el imaginario de los vallartenses así como del restaurante Benitos, ubicado enfrente y que fue la razón por la cual mi familia se trasladó a esta bendita tierra hace casi 46 años. Por algunos años el cine Morelos albergó exhibiciones matutinas también conocidas como "matinés". Así, vimos desfilar el humorismo blanco de Viruta y Capulina, Cepillín o Cantinflas y también soñamos con emular las aventuras de Tarzán en la selva. Cuando se decretaba el intermedio, todo el chiquillero subía al escenario convencido de que éramos la versión en miniatura de los personajes cinematográficos. Para entonces, los medios de diversión eran limitados para los vallartenses. No contábamos con televisión y el cable llegó mucho después. Por supuesto, tampoco aparecían las películas de videos ni el internet. Mucha de la vida de los niños transcurría en contacto con la naturaleza, subiendo árboles, yendo a pescar al muelle de la playa de los Muertos o deslizándonos en improvisadas tablas por las empinadas calles detrás del templo de Guadalupe.

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