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La ciudad imaginada. Mitigar los riesgos urbanos

 

Un elemento clave para las ciudades es la gestión del riesgo. La aglomeración de personas en un territorio compartido suele generar contradicciones entre las actividades humanas y las condiciones naturales por lo que la convivencia puede resultar trágica o caótica.

          La complejidad de la vida urbana se traduce en vulnerabilidad de los asentamientos humanos. Y ello se acelera en países como México donde la desigualdad orilla a los sectores de menores recursos a habitar en zonas de riesgo como cañadas, laderas o cauces de ríos.

          Uno de los principios básicos establecidos en nuestra Constitución es el acceso a una vivienda digna y de calidad. Como en muchos otros aspectos de la vida nacional, las normas parecen estar escritas para no cumplirse y observamos una clara diferencia entre las condiciones de vida de quien puede asegurarse un lugar seguro y quiénes no.

          La vulnerabilidad ante los cambios climáticos está pasando la factura a los destinos turísticos de playa en México. Vale recordar las experiencias vividas en Cancún con el paso del huracán Gilberto en 1988 (el ciclón tropical más intenso que ha tocado tierra en México) o Wilma en 2005. En Acapulco también se tuvieron múltiples destrozos con el huracán Paulina en 1997 y Manuel en 2013.

          En Puerto Vallarta hemos experimentado el dolor que causan los efectos destructivos de la naturaleza en nuestra comunidad como ocurrió con el terremoto de octubre de 1995 y del huracán Kenna en 2002. Y apenas hace dos años la llegada de Patricia nos puso a temblar ante la potencia del meteoro. Afortunadamente, los saldos no fueron tan trágicos como se anticipaban.

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