La ciudad imaginada. Arquitectura popular

Hace cincuenta años el arquitecto egipcio Hassan Fathy sorprendió al mundo con un proyecto de arquitectura popular llamado Nueva Gourna. La novedad de la propuesta se basaba en el rescate de saberes antiguos en el arte de construir que fueron reinterpretados por este autor.
Da la impresión de que los arquitectos nos hemos alejado de los sectores populares en el ejercicio de nuestra profesión. Y cuando vivimos en países con escasos recursos materiales como México, tenemos una enorme oportunidad de aportar en el mejoramiento de barrios marginales. Vale señalar que más del 60% de las viviendas en nuestro país son auto-construidas por sus habitantes sin contar con la asesoría de algún profesional del diseño.
Muchos años atrás, las comunidades proyectaban sus espacios de manera empírica, recurriendo a tradiciones y saberes propios acumulados por generaciones. Por ejemplo, San Sebastián del Oeste fue modelado por personas de campo, humildes, sin aparentes conocimientos arquitectónicos; pese a ello, conformaron un poblado muy bello y funcional que se adapta a las condiciones climáticas del lugar, emplea materiales regionales y aporta soluciones eficientes a la vida cotidiana de los lugareños.
Desafortunadamente, esta tendencia ya no se replica con facilidad y somos testigos de la fealdad que permea en las colonias marginales. Algo se perdió en el camino. Quizá nos volvimos insensibles ante la belleza y la funcionalidad mientras que volteamos la mirada hacia valores que no fomentan la cultura estética y simbólica.
La casa es el recinto sagrado para una familia. En ella deberían estar depositadas las esperanzas y aspiraciones de ese grupo social. La vivienda es un templo para la reproducción de la vida humana. Pero lejos de volver a estas inspiraciones, el modelo de vivienda social adopta diseños que se repiten por cientos o miles, en una producción en serie como si todas las familias vivieran de la misma manera.

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