Mano de obra indígena nayarita en el campo badebandense

Se instalan en El Coatante por meses y son la mano de obra del campo de Bahía de Banderas y Puerto Vallarta
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La comunidad de El Coatante es desde hace varios años un centro de migración de las comunidades indígenas de La Yesca, Del Nayar, Jesús María, entre otros municipios de la sierra norte de Nayarit, que vienen a trabajar en el campo de las empresas establecidas en Bahía de Banderas.

De noviembre a marzo o si se extiende la cosecha, hasta abril, arriban en camiones de contratistas a esta población para la espiga de maíz, sandia, pepino, jitomate, entre otros cultivos que se dan en zonas pegadas a las cuencas del río Ameca; en Jarretaderas, San Vicente El Porvenir, San José, Valle de Banderas y San Juan de Abajo en Bahía de Banderas y Tebelchia, Las Palmas de Puerto Vallarta.

Este pueblo enclavado en la asombrosa Sierra de Vallejo, de aproximadamente 200 habitantes, es el albergue de estas familias indígenas que dado el clima, la naturaleza, la hospitalidad y tranquilidad de sus habitantes se ha adecuado para recibirlos cada temporada.

Llegan como 250 y para ellos se montan campamentos, tapadados de plástico negro, se han construido pequeños cuartos de dos por dos metros para una pareja o hasta cuatro integrantes de una familia, por quienes los contratan y han ido por ellos hasta la capital nayarita, todo es muy rupestre, cocinan con madera y consumen de los comercios locales.

Como en los inicios de la independencia de México, para ellos se han abierto “tiendas de raya” en el que se les fía y cuando viene el pago de sus trabajos que se puede extender hasta 15 días, moviéndose la economía local; también acuden ellos vendedores de ropa o telas que también se benefician de la llegada de los indígenas.

Su comportamiento es “tranquilo, muy poco hablan, son muy reservados, comen muy poco, para gastar lo menos posible y llevar algo de dinero a sus pueblos concluidas las cosechas” narró un habitante. No dan problemas, al contrario, cuando vienen con sus hijos llenan de alegría la plaza y las calles de El Coatante.

Al trabajo le entra casi toda la familia, desde el más longevo hasta el que apenas está en la adolescencia; los pequeños en brazos se quedan en los campamentos, otros más han nacido en ellos.

Salen muy temprano a la labor, cerca de las 6:00 a.m, porque a las 7:00 a.m tienen que estar ya en las tierras de cultivo, terminan a las 3:00 p.m, algunos deciden trabaja horas extras, se les paga $300 pesos por día y cobran semanas de hasta $3,000 pesos.

Algunos vuelven al pueblo a las 6:00 p.m, cenan y descansan en sus campamentos, otros se les puede ver en la plaza sentados, algunos van y se toman unas cervezas, se divierten, esa es su rutina. Cuando regresan en los meses de marzo y abril, “el pueblo queda más solo, se extrañan”, comentan lugareños.

Gran parte ya los conocen en el pueblo porque vienen cada temporada, otros son nuevos, sobre todo jóvenes, ninguno se queda en El Coatante, son nómadas y siguen el trabajo en otros estados. La mayoría del año no están en sus pueblos, regresan con dinero y descansan unos meses y vuelven a los campos, dado que no hay trabajo en sus comunidades.

Empresas transnacionales dedicadas al cultivo han proyectado la apertura de cerca de dos mil hectáreas en ambos municipios conurbados, por lo que ellos seguirán viniendo para llenar de mano de obra al sector primario y moviendo la economía de la sierra.

GC

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Isrrael Torres