Guerra con Irán fractura la “relación especial” de Estados Unidos y Gran Bretaña

El primer ministro británico marca distancia de la ofensiva de Estados Unidos e Israel; la tensión sacude los vínculos transatlánticos y divide a Europa.
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Guerra con Irán tensa la relación entre EU y Gran Bretaña

La histórica alianza entre Washington y Londres atraviesa su momento más crítico en décadas. La guerra en Irán no solo ha incendiado el tablero en Medio Oriente, sino que fracturó la relación entre Donald Trump y Keir Starmer, situándola en un punto de quiebre que parece irreversible.

A pesar de que Starmer evitó cualquier crítica pública hacia Trump desde su regreso a la Casa Blanca en 2025, la cortesía no ha sido recíproca.

El mandatario estadounidense ha lanzado duras críticas contra el líder británico, señalando su “reticencia” a sumarse a los bombardeos conjuntos con Israel sobre objetivos iraníes.

“Esta era la relación más sólida de todas. Francia ha sido estupenda, todos han sido estupendos, pero el Reino Unido ha sido muy diferente”, declaró Trump en una entrevista para The Sun, subrayando que el vínculo bilateral “ya no es lo que era”.

El límite de la legalidad

La fricción escaló cuando Starmer prohibió inicialmente el uso de bases británicas para la ofensiva que inició el pasado sábado.

Aunque después autorizó el uso de instalaciones en Inglaterra y Diego García para interceptar misiles balísticos, se mantuvo firme en no participar en ataques contra otros objetivos en suelo iraní.

Incluso tras el ataque de un dron iraní contra la base británica de Akrotiri, en Chipre, Starmer descartó una respuesta ofensiva.

El premier anunció el despliegue del destructor HMS Dragon y helicópteros especializados, pero aclaró que su misión es estrictamente defensiva.

El líder laborista, cuya formación como exfiscal jefe de Inglaterra marca su política exterior, lanzó un dardo directo a la doctrina Trump:

“No creemos en un cambio de régimen desde los cielos”, sentenció ante la Cámara de los Comunes, apelando a la necesidad de un plan legal y viable.

Un tablero dividido

La prensa financiera no ha tardado en bautizar este episodio como el “momento Love Actually” de Starmer, comparándolo con la escena cinematográfica donde un primer ministro británico se planta ante un presidente estadounidense intimidante.

Sin embargo, el aislamiento del Reino Unido es parcial. Mientras el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, respaldó sin fisuras la eliminación del líder supremo iraní por parte de Trump, otros actores europeos muestran matices:

  • España: Pedro Sánchez condenó los ataques por considerarlos “peligrosos e injustificables”.
  • Eje E3 (Reino Unido, Francia, Alemania): Emitieron un comunicado conjunto limitando su apoyo a “acciones defensivas proporcionales”.

Fricciones acumuladas

El conflicto por Irán es la gota que derramó el vaso. La relación ya estaba tensa por la intención de Trump de anexionar Groenlandia y sus críticas al acuerdo de las Islas Chagos, pacto que su propia administración había validado anteriormente.

Mientras la oposición conservadora en Londres, liderada por Kemi Badenoch, acusa a Starmer de abandonar a su aliado más importante, el gobierno británico intenta apagar el fuego.

El ministro Stephen Doughty insistió en que la relación es “sólida” y perdurará, aunque los hechos en el campo de batalla sugieren una realidad mucho más gélida.

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