Gobierno entrega 83 mil millones a Cuba vía Pemex

Fotografía generada por IA en Nano Banana
La indignación crece ante la revelación de que el gobierno mexicano ha desviado un estimado de 83 mil 077 millones de pesos a Cuba.
Esta cifra escandalosa, documentada desde 2019, expone una política exterior que privilegia la afinidad ideológica sobre las necesidades urgentes de la población nacional.
El saqueo más evidente ocurre en Pemex, que ha servido como la caja chica para financiar a la dictadura caribeña con petróleo. Se estima que cerca de 80 mil millones de pesos en crudo y combustibles han salido de las refinerías mexicanas hacia la isla.
La paraestatal, técnicamente quebrada y endeudada, regaló estos recursos omitiendo reportar el 87 por ciento de los envíos ante autoridades internacionales. Esta maniobra de ocultamiento ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos confirma la intención de operar en las sombras.

Mientras los hospitales mexicanos carecen de insumos básicos, se destinaron dos mil 200 millones de pesos para traer médicos cubanos. Este esquema financia directamente al régimen de La Habana, pues el pago no llega íntegro a los bolsillos de los especialistas.
Resulta insultante que se gasten 400 millones de pesos en el programa Sembrando Vida para campesinos extranjeros, olvidando al campo nacional. A esto se suma el derroche de 387 millones de pesos en libros de texto con carga ideológica regalados a Cuba.
La presidenta Claudia Sheinbaum defiende este desfalco como ayuda humanitaria, ignorando que ese dinero hace falta en las calles de México. Con esos 83 mil millones de pesos se podrían haber construido 45 hospitales de especialidades que hoy urgen a los ciudadanos.
En Puerto Vallarta y Bahía de Banderas, donde la infraestructura turística y hospitalaria clama por mantenimiento, ese dinero brilla por su ausencia. Cada barril de petróleo regalado es un recurso menos para tapar baches, mejorar escuelas o garantizar medicinas en las clínicas locales.
La generosidad del gobierno federal con el extranjero contrasta dolorosamente con la austeridad que impone a sus propios gobernados. No se trata de solidaridad, sino de un financiamiento sistemático a un gobierno extranjero a costa del bienestar de las familias mexicanas.
La ciudadanía exige saber por qué sus impuestos terminan subsidiando a Cuba mientras los problemas de seguridad y salud en casa siguen sin solución.




