Gentrificación y su impacto social

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Fernando Castro

En los últimos años, la Ciudad de México ha sido escenario de profundos cambios urbanos que han reconfigurado la vida en varias de sus colonias más emblemáticas.

Se trata de la gentrificación, un proceso que genera debate por sus efectos ambivalentes: mientras algunos celebran mejoras en infraestructura y seguridad, otros denuncian la expulsión de residentes originales y el aumento desmedido en los precios de vivienda y servicios.

Este fenómeno ocurre en zonas con atractivos específicos, como áreas verdes, buena ubicación, infraestructura y riqueza cultural, lo que las vuelve objetivo del capital inmobiliario para construir viviendas, comercios y oficinas dirigidas a clases medias y altas.

Esto provoca un aumento en el valor de los inmuebles y de los servicios en la zona, lo que frecuentemente desplaza a las familias que históricamente han habitado esos espacios.

Los modelos de renta de vivienda por aplicación sin un término de tiempo forzoso entre arrendador e inquilino, el alta demanda de los mismos y con ello el encarecimiento de la vida, ha desplazado a habitantes de varias colonias. Quienes rentaban no cuentan hoy con los recursos para pagar el incremento del costo de la renta.

Los dueños de departamentos o vecindades no pudieron resistir las ofertas de desarrolladores de espacios que remodelaron para rentar a través de aplicaciones como Airbnb, y se han visto desplazados.

Si bien puede traer beneficios visibles como calles renovadas, parques más seguros o una oferta gastronómica diversa, también genera exclusión social, pérdida de identidad barrial y tensiones culturales, especialmente cuando las transformaciones no incluyen a los residentes originales.

Frente al avance del fenómeno, el gobierno local ha reconocido la urgencia de regular la gentrificación, implementando políticas como vivienda asequible para jóvenes y familias trabajadoras.

Sin embargo, activistas y vecinos advierten que las medidas son aún insuficientes para frenar el desplazamiento de miles de personas.

Expertos y organizaciones sociales señalan la necesidad de una regulación más estricta sobre los alquileres de corto plazo, políticas de renta controlada, y una planificación urbana con enfoque social e incluyente, que priorice el derecho a la vivienda por encima de la especulación inmobiliaria.

En una ciudad donde la diversidad ha sido siempre parte de su esencia, el reto es claro: crear barrios vivos y mixtos, donde todos tengan cabida, sin importar su nacionalidad o nivel de ingresos.

La responsabilidad para atender el fenómeno se encuentra en las autoridades que deben, por un lado aprovechar las ventajas económicas que la gentrificación puede generar a favor de la ciudad y adoptar políticas redistributivas que beneficien a los vecinos y al propio gobierno, y poner en marcha programas sociales que impulsen actividades que eviten la especulación inmobiliaria y el desarrollo económico descontrolado que erosiona al tejido social urbano.

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