Frankenstein de Guillermo del Toro, deslumbra en Venecia

Foto AFP
El cineasta mexicano Guillermo del Toro sorprendió en el Festival de Venecia con la presentación de su más reciente película, Frankenstein, un proyecto que asegura haber perseguido durante toda su vida. Tras décadas de espera, finalmente mostró al público una historia que considera no solo un sueño cumplido, sino una auténtica obsesión personal.
La proyección generó expectación desde antes de iniciar. Aunque comenzó con un ligero retraso, la audiencia recibió con aplausos el inicio de la función, consciente de que se trataba de una de las cintas más anticipadas del certamen. El director explicó que su vínculo con la obra de Mary Shelley se remonta a la infancia, cuando descubrió el filme de 1931 y más tarde la novela, hallando en ella una conexión emocional que ha guiado gran parte de su trayectoria en el cine.
Durante la conferencia de prensa, Guillermo del Toro destacó que cada uno de sus proyectos anteriores había sido un aprendizaje para llegar a este momento. Ahora, con más madurez personal y artística, afirma sentirse preparado para presentar una versión íntima de Frankenstein, en la que los personajes de Víctor y la criatura adquieren una dimensión de padre e hijo. Para el director, esta interpretación llega en el instante adecuado de su vida.
El elenco incluye a Oscar Isaac en el papel del doctor Víctor Frankenstein y a Jacob Elordi como la criatura. Ambos actores compartieron que el proceso fue intenso, aunque en circunstancias muy distintas: mientras Elordi contó con apenas tres semanas para entrar en su rol, Isaac tuvo más tiempo para explorar un personaje que le fue ofrecido directamente por el cineasta.
La película, producida por Netflix, tendrá un estreno en salas antes de llegar a la plataforma. Guillermo del Toro señaló que para él es vital mantener viva la experiencia del cine en pantalla grande, aunque reconoció que la industria enfrenta el reto de la competencia con grandes producciones comerciales y la inmediatez del streaming.
A nivel visual, el filme refleja el estilo barroco y detallista del director, con una atmósfera oscura que resalta la humanidad del monstruo. Críticos asistentes a las primeras proyecciones coincidieron en que se trata de un espectáculo visual cuidado al extremo, donde cada encuadre busca emocionar y conmover.
Entre los comentarios del director, destacó su humor característico. Durante la charla con los medios, bromeó sobre la sensación de “depresión postparto” que le dejó culminar este proyecto tan esperado, pero también subrayó que no cambiaría el momento en que lo realizó, pues hacerlo años atrás hubiera sido, en sus palabras, “prematuro”.
El recibimiento en Venecia fue cálido, aunque sin ovaciones prolongadas. Aun así, el propio cineasta aseguró sentirse satisfecho, convencido de que su adaptación de Frankenstein es la obra que siempre quiso hacer. La emoción, indicó, se mide en lágrimas, y con orgullo reconoció que lloró al verla completada.
Más allá del impacto inmediato, Guillermo del Toro confía en que esta obra deje huella en las nuevas generaciones de espectadores. Considera que el monstruo de Mary Shelley, reinterpretado bajo su visión, es más humano que nunca y tiene la capacidad de provocar empatía en un mundo que sigue debatiéndose entre la creación y la destrucción.
Con esta presentación, el director reafirma su lugar como uno de los grandes narradores visuales contemporáneos, capaz de combinar espectáculo y reflexión en una sola historia. El futuro de Frankenstein en taquilla y en plataformas será un reto, pero el momento en Venecia ya se convirtió en parte de la historia del cine mundial.