Fascismo a la Carta

Julen Rementería con Santiago Abascal

La ultraderecha en México ha decidido salir de las ultratumbas de la política, y lo ha hecho de la mano de su partido histórico Acción Nacional. Esta acción no es algo repentina en el que no se haya tenido una reflexión profunda sobre sus impactos. 

Se da en el contexto de una investigación muy seria realizada por la Revista Contralínea y Wikileaks que revelan la conexión del Yunque, brazo ejecutor de este movimiento reaccionario, con diferentes actores empresariales y políticos claves a nivel mundial. Su secretismo fue parte fundamental durante estos años para imponer su agenda, las actuales condiciones los han llevado a salir a la luz pública a disputar espacios. 

La aparición de Vox en el Senado de la República de la mano de Julen Rementería para la firma de la Carta de Madrid, no puede leerse entonces como un hecho aislado, más bien debe analizarse como una acción enmarcada en la lucha por el control del PAN, ya que sus otras opciones fracasaron, tal como Cambiemos que impulsó Gabriel Quadri o el propio México Libre de Margarita Zavala.

El asalto a la estructura del PAN ha venido acompañado del desarrollo de campañas mediáticas dirigidas a fomentar el odio. Para tales efectos han decidido ampliar su base social con temas mucho más reaccionarios y conservadores de forma pública. 

En el centro de esta exacerbación de este tipo de reacción se puede observar su obsesión xenofóbica, homofóbica, clasista, machista y racista. Dentro de ella su núcleo es la pérdida de privilegios que les otorgaba la política económica neoliberal. En esto último coinciden con la otra parte del PAN que salió a repudiar el evento con Santiago Abascal, pero en el fondo defienden los mismos intereses. 

Y es que no sólo en México, sino en todo el orbe, estamos siendo testigos de una reconfiguración por la disputa del poder debido al proceso de inestabilidad en el que se encuentra el capitalismo mundial. Y es que la crisis económica de 2008, lejos de haberse ido, se ha profundizado de forma muy radical. 

Mientras la pobreza ha crecido de forma espectacular, efecto que potenció aún más la pandemia, los capitales transnacionales adictos al neoliberalismo se han encontrado con una resistencia real en varios estados nacionales para seguir en su misma lógica. 

Es por ello que se han vuelto enemigos de los proyectos que reivindican el papel del Estado en la intervención de la economía para garantizar un bienestar social.  Son los mismos que en 2006 veían a Andrés Manuel López Obrador como un peligro para México y que ahora ven en la cuarta transformación su peor pesadilla. 

Una de las cosas importante que todos los análisis sobre la coyuntura actual deben de tener en cuenta, es que la clase política de derecha en México no puede actuar sin el beneplácito de los grandes capitales mexicanos. 

Existe una clase empresarial interesada en que el movimiento de ultraderecha en México pueda crecer como en Europa, para poder ser un contrapeso y recuperar los privilegios a los que estaban acostumbrados como la evasión fiscal, la condonación de impuestos o la asignación de contratos en el sector energético a precios de ganga, cosa que ya habían planificado muy bien a través del Pacto por México y la aprobación de forma corrupta de la contrarreforma energética. 

Hay que tener en cuenta que Vox no es un fenómeno aislado en Europa, la base social de la ultraderecha europea ha crecido de forma acelerada como no se había visto desde inicios del siglo pasado, uno de los factores esenciales de este ascenso tiene que ver con la estructura antidemocrática de la propia Unión Europa y el pésimo manejo de los efectos más adversos de la crisis económica del 2008 que tuvieron que pagar los países de la periferia europea.

La Liga del Norte en Italia, Chega en Portugal, Agrupación Nacional en Francia, Amanecer Dorado en Grecia, Alternativa por Alemania son solo algunos de los partidos de extrema derecha que como Vox en España han logrado tener representación en 22 parlamentos y cinco gobiernos en toda Europa.

Esto no es un fenómeno aislado ni mucho menos transitorio, es un fenómeno que cada día crece e intenta consolidarse, es una tendencia neoautoritaria que cada día gana más presencia no sólo en la narrativa, de por sí delicada, sino en la implementación de políticas regresivas. Desde aquí debemos leer el proyecto de Vox por agrupar desde su liderazgo y apadrinazgo financiero al grupo de partidos políticos de América Latina a través de la Carta de Madrid.

La iberósfera es el nuevo nombre de un proyecto muy viejo y rancio, es el acomodo de capitales transnacionales presionando a sus satélites de la periferia en América Latina para rescatarlos de la crisis económica en la que se encuentran. Es la exigencia a una clase política para que prepondere el expolio de recursos nacionales públicos para entregárselos a los capitales transnacionales a través de privatizaciones. Que la crisis la paguen los pueblos de los estados nacionales subordinados.

La línea trazada por estas fuerzas neoautoritarias tienen como fundamento la estrategia nazifascista goebbeliana de repetir una mentira mil veces para manipular a la opinión pública. Esta campaña de desinformación masiva va en dos vías, una serie de medios fundamentalmente en redes sociales repite incesantemente argumentos sin importar si son verídicos o no inventando todo tipo de bulos para desgastar al gobierno en turno, un ejemplo claro de ellos es la manipulación en la adquisición de las medicinas para niños con cáncer. 

La otra vía es, una vez instalando el descontento permanente, se avanza en medios de comunicación tradicionales para dirigir el mismo, la noticia en negativo se vuelve programa político que luego es retomado por la oposición partidista. El movimiento social reaccionario le dota de condiciones de radicalización a su clase política. Es un ciclo de retroalimentación. Para ello se vuelve indispensable poder comprar y acaparar la opinión pública.  

En España el principal objetivo se ha vuelto el partido Podemos y el ex vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias, de quien han dicho cantidad de mentiras que sería imposible enumerarlas en un solo artículo, pero van desde que han recibido o dado financiamiento de Venezuela, Cuba, Irán y recientemente del partido mexicano Morena. Enmarcándolos como la amenaza comunista. 

El colapso del neoliberalismo no ha traído una transición hacía el neokeynesianismo de forma automática como algunos liberales lo han querido hacer ver, como si una vez habiendo fracasado el libre mercado entonces se le diera paso a la configuración estatista. 

Nada más alejado de la realidad, lo que hay es una serie de proyectos en choque que no han terminado de definir el rumbo de la economía mundial, y ven en América Latina, y específicamente en México un peligro para sus planes de instalar una política económica retrograda peor que el neoliberalismo, dando paso a un capitalismo catastrófico basado en un nuevo tipo de neoautoritarismo en la que los fascistas se habrían quedado cortos.   

El presidente López Obrador tiene razón al celebrar que lo más rancio del conservadurismo se haya quitado la máscara, y que actúe sin simulaciones, ya que esto muestra el riesgo latente de una clase privilegiada dispuesta a todo con tal de recuperar el control del aparato estatal en México. El fascismo que anida en VOX llegó de la mano del PAN a México es momento de cerrar filas. 

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