Exportaciones mexicanas imponen récord

Las exportaciones mexicanas cerraron el año pasado con un fuerte dinamismo y acumularon en el año un crecimiento de 7.6 por ciento anual, su mayor alza en 3 años, impulsadas principalmente por los envíos de manufacturas no automotrices.
Con ello, sortearon las tensiones comerciales a nivel mundial, que les permitió alcanzar un monto sin precedente de 664 mil 837 millones de dólares en el año.
Además, la balanza comercial reportó un superávit en el año de 770.9 millones de dólares, el primer saldo positivo desde 2020.
Según los registros del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), las exportaciones petroleras acumularon en el año un retroceso de 26.4 por ciento, la más significativa desde 2020, y la tercera baja al hilo. Las agropecuarias cayeron 10.8 por ciento, y las extractivas subieron 26.9 por ciento.
Las exportaciones manufactureras crecieron 9.8 por ciento, con una caída de 4.2 por ciento en las automotrices; el resto de las manufacturas repuntó 17.3 por ciento, su mayor dinamismo desde 2021.
Mientras las exportaciones de China a Estados Unidos han caído alrededor de 6 por ciento en los últimos 6 años, las de México han crecido en más de 50 por ciento.
En este contexto, cuando un importador estadounidense compara proveedores, el tipo de cambio deja de ser el factor dominante. Si un producto chino llega con un recargo arancelario de dos dígitos y el mexicano no, el peso puede apreciarse sin que se pierda competitividad.

A ello se suman otros elementos estructurales: menores tiempos logísticos, reducción de inventarios, mayor certidumbre regulatoria y una integración cada vez más profunda a cadenas de valor regionales.
No es casual que las manufacturas no automotrices, precisamente las más vinculadas a nuevos proyectos de inversión y relocalización productiva, sean las que muestran el mayor dinamismo exportador.
A pesar de que la participación del resto del mundo ha crecido, el mercado estadounidense sigue dominando las exportaciones mexicanas.
Esta concentración puede representar un riesgo si ocurren cambios abruptos en la política comercial o económica de nuestro vecino del norte.
Un reto permanente es aumentar el contenido nacional y el valor agregado de los productos exportados. México todavía importa una gran cantidad de insumos y componentes, lo que limita el impacto de lasen el crecimiento económico general.
Mientras Estados Unidos mantenga barreras elevadas frente a China y el T-MEC preserve el trato preferencial para México, el país juega con una ventaja significativa. El riesgo es asumirla como permanente.
Si esa cuña arancelaria se reduce o si la lógica proteccionista se extiende también a socios, la fortaleza exportadora que hoy desafía al “superpeso” podría perder fuelle.
Y eso ocurriría en un momento particularmente delicado: cuando la exportación se ha convertido, prácticamente, en el único motor visible del crecimiento económico del país. Ahí es donde el debate deja de ser comercial y se vuelve estratégico.
El hecho de que México haya impuesto un récord histórico de exportaciones en un año tan desafiante demuestra la fortaleza de nuestra base industrial, la adaptabilidad de nuestras empresas y el rol crucial del país en las cadenas globales de suministro.
Sin embargo, también me queda claro que ese récord es un punto de partida, no una meta alcanzada.
Si México quiere consolidarse como una potencia exportadora de mayor valor, es fundamental seguir invirtiendo en educación, innovación, infraestructura y diversificación de mercados.
En suma, 2025 será recordado no solo por los números, sino por la lección de que, incluso en medio de desafíos globales, México puede competir, crecer y establecer nuevos estándares en comercio internacional.




