En Defensa del Feis

En Defensa del Feis
    “¿Por qué esta magnífica tecnología científica, que ahorra trabajo y nos hace la vida más fácil, nos aporta tan poca felicidad? La repuesta es que, simplemente, no hemos aprendido a usarla con tino”. --Albert Einstein.   Con 1600 millones de usuarios, Facebook es, con mucho, la red social más extendida del orbe; esto es, uno de cada cinco seres humanos de este planeta está abonado a Facebook. Si, como muchos dicen, el éxito de una empresa se mida por su penetración, Facebook es, indiscutiblemente, una reina. Crisol y espejo de la sociedad contemporánea, Facebook es un microcosmos que reproduce muchas de nuestras virtudes y de nuestros defectos. Hay quienes lo atacan porque dicen que causa adicción, y ¡naturalmente que puede causar adicción! Si partimos del hecho de que no sólo las drogas y el alcohol son adictivos, sino también el trabajo, el sexo, el azúcar, las relaciones destructivas, la comida, las deudas, la pornografía, la cafeína, las compras, las apuestas y hasta las gorditas de chicharrón, es muy explicable que un medio de contacto así sea causa de adicción, máxime en una sociedad en la que el hombre y la mujer cada vez están más aislados; pero ojo, la adicción no está en el Facebook: está en nosotros. Y así proliferan las críticas; se critica a quienes toman fotos de su comida para después compartirlas, a quienes hacen público que están en la Sala VIP de tal aeropuerto y se dirigen a tal destino; a quienes ponen indirectas que sólo ellos y tal vez su destinatario pueden comprender, del tipo de  “Para eso me gustabas”; también hay quienes pregonan su amor, tomándose azucaradas selfies con su pareja y derramando miel y dicha por doquier; bendiciendo al destino por haberse conocido y jurándose devoción y fidelidad eternas, aunque a veces, a las pocas semanas, nos enteramos igual por la red de su estrepitoso truene y del enojo que se profesan los examantes.
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