En 3 Patadas

AMLO acusa a prensa de campaña en su contra

“¿Qué diferencia hay para los muertos, los huérfanos y los refugiados que la loca destrucción venga bajo el nombre del totalitarismo o el sagrado nombre de la libertad y la democracia?”.

--Gandhi.

En Turismo

Durante décadas, un rubro tan sensible como la promoción turística de México en el exterior era manejado directamente por el gobierno federal, a través de la Subsecretaría de Promoción Turística, dependiente de la Sectur.

Es fácil suponer que los entonces 300 o 400 millones de pesos que en promedio eran destinados para tal fin, se toparan en el camino con diversos “filtros” donde se iban diezmando, hasta que solo quedaba una bicoca para promocionar al país. Era un ejercicio unilateral, opaco e ineficaz. (Basta recordar que uno de los últimos secretarios de Turismo de esa época, Óscar Espinoza Villarreal enfrentó una causa penal por desvío de recursos).

Para subsanar ese boquete el 19 de mayo de 1999 se publicó el decreto mediante el cual se creó el Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), organismo mixto responsable de la promoción turística financiado, además, con recursos derivados de la propia actividad, en el que si bien el gobierno federal seguía participando, también lo hacían los gobiernos estatales y una representación de los empresarios prestadores de servicios turísticos, lo que daba mayor pluralidad y transparencia al uso de los recursos.

El CPTM funcionó durante 19 años, y si bien acumuló algunas deficiencias a lo largo del tiempo también participó en el crecimiento del sector turístico en nuestro país.

La actual administración federal decidió, como en muchos otros rubros, no corregir las fallas, ni auditar y limpiar el organismo sino, simplemente, liquidarlo. Como sustituto presentó un proyecto de promoción turística a través de los consulados y embajadas de nuestro país en el exterior, que hasta el momento no reportan resultado alguno.

En Materia Electoral

También durante décadas el gobierno federal manejó directa (y arbitrariamente) los procesos electorales, a través de la Secretaría de Gobernación. El 6 de julio de 1988 sucedió un episodio, al que se le recuerda coloquialmente como “la caída del sistema”, cuyo principal protagonista es hoy uno de los muchachos consentidos del régimen.

En efecto, Manuel Bartlett era el titular de la Comisión Federal Electoral (CFE) y al ver que los números no le cuadraban para proclamar la victoria de Carlos Salinas de Gortari decidió “congelar” la emisión de resultados hasta que el gobierno pudiera arreglar el aparente descalabro de la candidatura priista. Este fue uno de los principales motivos para que se impulsara un órgano autónomo, independiente del gobierno, para organizar y validar las elecciones.

Así surgió, en 1990, el IFE, presidido en ese entonces por el maestro José Woldenberg, en 2014 se transformó en INE al ser modificadas sus atribuciones. Si bien este organismo no ha estado exento de críticas y fallos, sigue siendo el mecanismo más confiable que los mexicanos nos hemos dado para organizar nuestras elecciones. A raíz de que le tumbaran la candidatura de uno de sus protegidos, el impresentable Félix Salgado Macedonio, el presidente López Obrador ya prometió que también este organismo sería liquidado. Quiere que las elecciones sean organizadas por el Poder Judicial de la Federación.

En Transparencia

En un intento por terminar con la opacidad y discrecionalidad en el manejo de los asuntos públicos, El 11 de junio de 2002 se creó el entonces Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI) como órgano desconcentrado de la Administración Pública Federal. Su objetivo, entre otros, fue poner a disposición de la ciudadanía todo dato de la administración pública realizada por cualquier funcionario y ente gubernamental, así como personas morales o físicas que ejerzan recursos económicos o de autoridad del Estado Mexicano.

El IFAI se transformó en INAI en 2015 y es gracias a su existencia que los mexicanos nos hemos enterado de diversas irregularidades por parte de la clase política; este organismo, fundamental para la democratización y transparencia del país, también está en la mira de AMLO para ser, adivinó usted, liquidado. Quiere que pase a manos de la ineficaz y alcahueta Secretaría de la Función Pública.

Y así, las instituciones que con mucho esfuerzo hemos ido construyendo los mexicanos para enfrentar el autoritarismo del poder están siendo socavados por un gobierno que prefiere destruir en vez de resolver. Es al caso del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, de las estancias infantiles, de los refugios para mujeres víctimas de violencia, de los 109 fideicomisos… en fin una lista interminable de intensa destrucción contra las instancias que los mexicanos construimos, muchas veces a pesar de los gobiernos en turno.

Comparte