Efectos económicos de la guerra en Irán más allá del aumento del precio del petróleo

El impacto en los precios del petróleo, como un primer indicador por el virtual cierre de la ruta estratégica en el estrecho de Ormuz
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A poco más de una semana del inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, las repercusiones ya comienzan a sentirse en distintos sectores de la economía mundial.

Aunque las tensiones militares se concentran en Medio Oriente, sus efectos se están extendiendo rápidamente a los mercados internacionales, especialmente en áreas como la energía, la producción de alimentos, la distribución de medicamentos y la industria tecnológica.

Uno de los primeros indicadores de esta situación fue el aumento en los precios del petróleo. El 9 de marzo, el barril de crudo Brent y el WTI, dos de los principales referentes del mercado petrolero internacional, superaron los 100 dólares por primera vez desde 2022. Aunque posteriormente el precio retrocedió momentáneamente por debajo de los 95 dólares, nuevos ataques iraníes contra buques petroleros volvieron a impulsar el valor del crudo hasta la barrera de los 100 dólares.

Este incremento resulta significativo si se compara con los niveles previos al inicio del conflicto. El 27 de febrero, apenas un día antes de que comenzaran las hostilidades, ambos tipos de crudo se cotizaban alrededor de los 70 dólares por barril.

La principal explicación de este aumento se encuentra en el virtual cierre del estrecho de Ormuz, luego de que el gobierno iraní advirtiera que podría atacar embarcaciones que intentarán cruzar por esa ruta estratégica. Por ese estrecho transita aproximadamente el 20% del petróleo y del gas que se comercia en el mundo, por lo que cualquier interrupción genera fuertes reacciones en los mercados energéticos.

Sin embargo, el aumento del petróleo no es la única consecuencia económica del conflicto. Analistas internacionales advierten que sus efectos pueden extenderse a otros sectores clave de la economía global.

Producción de alimentos bajo presión

Uno de los sectores que podría verse seriamente afectado es el agrícola. Varios países del Golfo Pérsico, como Omán, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, figuran entre los principales exportadores mundiales de fertilizantes nitrogenados. Este tipo de fertilizante se produce a partir del gas natural y es fundamental para el cultivo de alimentos que representan cerca de la mitad de la producción alimentaria mundial.

Aunque muchas de las plantas productoras de fertilizantes en la región continúan operando, el conflicto ya provocó algunas interrupciones. Qatar Energy, uno de los mayores fabricantes de urea, se vio obligado a suspender temporalmente su producción después de que ataques con drones y misiles afectaran el suministro de gas necesario para sus operaciones.

Incluso en los casos en los que las empresas continúan produciendo fertilizantes, el problema principal radica en las dificultades para exportarlos. El cierre del estrecho de Ormuz también ha obstaculizado el transporte marítimo de estos productos. Se estima que cerca de un tercio del suministro mundial de fertilizantes circula por esa vía, por lo que cualquier bloqueo afecta directamente al mercado global.

A esta situación se suma otro factor importante. Irán también es exportador de fertilizantes y, además, China decidió a finales de 2025 suspender las exportaciones de fertilizantes fosfatados y limitar fuertemente las ventas externas de urea hasta agosto de 2026 con el objetivo de garantizar el abastecimiento interno para sus agricultores.

La combinación de todos estos elementos ya está provocando un aumento considerable en los precios. En el puerto de Nueva Orleans, uno de los principales puntos de entrada de fertilizantes a Estados Unidos, el precio pasó de 516 a 683 dólares por tonelada métrica durante la primera semana del conflicto.

Este escenario resulta particularmente delicado porque coincide con el periodo en el que los agricultores del hemisferio norte comienzan a preparar la temporada de siembra. Cada año, aproximadamente una cuarta parte de las importaciones de fertilizantes de Estados Unidos se realizan entre marzo y abril.

Si el conflicto se prolonga, especialistas advierten que los consumidores podrían empezar a notar el impacto en los precios de los alimentos en un plazo de uno a tres meses. Una menor disponibilidad de fertilizantes implicaría cosechas más pequeñas, lo que podría traducirse en encarecimiento de productos agrícolas e incluso en escasez en algunas regiones.

Diversos organismos internacionales han advertido que este tipo de situaciones suele afectar con mayor intensidad a los países y poblaciones más vulnerables, donde el acceso a los alimentos ya es limitado.

Problemas en la distribución global de medicamentos

Otro sector que ya comienza a resentir los efectos del conflicto es el farmacéutico. La guerra ha afectado las operaciones logísticas en Dubái, uno de los centros más importantes del mundo para el transporte y distribución de medicamentos.

La ciudad alberga el aeropuerto internacional con mayor tráfico de pasajeros del planeta y también funciona como un importante punto de conexión para el transporte aéreo de carga farmacéutica. Muchos medicamentos, especialmente vacunas y productos biológicos, requieren condiciones específicas de temperatura durante su traslado, por lo que dependen de instalaciones especializadas.

India, uno de los mayores productores de medicamentos genéricos del mundo y responsable de cerca del 60% de la producción global de vacunas, utiliza con frecuencia Dubái como centro de distribución para enviar sus productos a distintos mercados internacionales.

Además del aeropuerto, el puerto de Jebel Alí también desempeña un papel clave en el comercio farmacéutico global. En este complejo operan cientos de empresas del sector salud provenientes de decenas de países. Las instalaciones funcionan tanto como centros de almacenamiento como de redistribución hacia destinos en África, Europa, Medio Oriente y otras regiones.

Sin embargo, los ataques militares registrados en las últimas semanas han provocado daños en infraestructuras logísticas de la ciudad, lo que ha obligado a interrumpir parcialmente sus operaciones normales. Aunque existen rutas alternas para transportar medicamentos, muchas de ellas tienen menor capacidad, implican trayectos más largos y generan mayores costos.

Como consecuencia, es posible que en los próximos meses aumente el precio de ciertos medicamentos o que se presenten retrasos en su distribución internacional.

Impacto en la industria y la tecnología

La guerra también está afectando la disponibilidad de algunas materias primas fundamentales para la industria global. Entre ellas destaca el azufre, un subproducto derivado de la refinación de petróleo y gas que tiene múltiples aplicaciones industriales.

Países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait e Irán se encuentran entre los principales productores de este elemento químico. Se estima que cerca de una cuarta parte del azufre que se produce en el mundo proviene de Medio Oriente.

Este material se utiliza principalmente en la fabricación de fertilizantes, pero también es esencial para procesos industriales vinculados con la minería y la producción de metales como el cobre y el níquel. Estos metales, a su vez, son indispensables para fabricar baterías, redes eléctricas, dispositivos electrónicos y numerosos componentes tecnológicos.

De hecho, durante la primera semana del conflicto algunas empresas productoras de níquel en Indonesia, país que concentra más de la mitad de la producción mundial de este metal, anunciaron recortes en su producción debido a las dificultades para obtener azufre proveniente del Golfo Pérsico.

Situaciones similares podrían presentarse en otras industrias, como la minería del cobre en África. La escasez de azufre también afecta la producción de ácido sulfúrico, un insumo clave en la fabricación de semiconductores.

Estos componentes electrónicos son esenciales para la fabricación de teléfonos inteligentes, computadoras, automóviles y muchos otros productos tecnológicos. Durante la pandemia de covid‑19 el mundo experimentó una escasez de chips que provocó retrasos en la producción y aumentos en los precios de numerosos dispositivos.

En el contexto actual, el problema podría agravarse debido a la creciente demanda de semiconductores impulsada por el desarrollo de tecnologías relacionadas con la inteligencia artificial.

En conjunto, todos estos factores muestran cómo un conflicto regional puede desencadenar consecuencias económicas a escala global. Desde el precio de la energía hasta la producción de alimentos, medicamentos y tecnología, la guerra en Medio Oriente demuestra una vez más el alto nivel de interconexión que caracteriza a la economía mundial.

 

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