Editorial Mismaloya, una vez más

Editorial    Mismaloya, una vez más
    El problema social de Mismaloya sigue siendo el más complejo que tiene Puerto Vallarta. Decenas de familias están al borde del desalojo donde han habitado varios años (algunos toda su vida), para cumplimentar la orden del poder judicial que le da la razón legal al empresario Fernando Beltrán y Puga Navarro desde el año 2004, pero que por diversas razones aún no se ha realizado dicho desalojo. Independientemente que la Ley está a favor del empresario, no se puede dejar de lado el problema social que está decisión judicial ha provocado en el pueblo de Mismaloya. Dejar sin techo a decenas de familias de la noche a la mañana es un problema social que debe tener al pendiente al gobierno municipal y del estado. En primera instancia, debe evitar a toda costa un enfrentamiento que crispe aún más los ánimos en esta zona del municipio. Es necesario que estén al pendiente para evitar que la gente afectada se quede a la intemperie si es que realiza el desalojo. A pesar de la razón jurídica que se le dio a Beltrán y Puga Navarro, están los años que han permanecido en la zona los lugareños dentro de las diez hectáreas que se pretenden desalojar. Los muchos o pocos bienes que han adquirido a lo largo de los años no se pueden perder de la noche a la mañana. Su “tranquilidad” de contar con un techo donde dormir tampoco se les puede quitar. Lo legal y lo social debe verse en este problema añejo que ha mantenido en vilo a cientos de habitantes de Mismaloya. Fernando Beltrán y Puga Navarro podrá decir que la ley le da la razón y que es propietario de las 10 hectáreas que ha reclamado en diversas instancias legales, hasta contar con una resolución definitiva a su favor, la cual ya no acepta ninguna apelación, sin embargo la autoridad debe estar atenta a evitar, en lo más posible, se haga un problema social donde pueda ver enfrentamiento. Se debe buscar una mejor salida a este problema, una salida justa para ambos bandos. ¿La habrá? Ojalá que sí.
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