No es estar triste: la depresión avanza en silencio y exige atención temprana

Reconocer síntomas y factores de riesgo permite detectar la depresión a tiempo y buscar ayuda profesional adecuada.
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Dia mundial de la depresión

La tristeza forma parte de la vida. Aparece ante una pérdida, un conflicto o una decepción y, con el tiempo, se atenúa. La depresión, en cambio, no funciona así. Se trata de una enfermedad del estado de ánimo que altera la forma de pensar, sentir y actuar, y que suele confundirse con debilidad o falta de voluntad.

Una enfermedad que no siempre se ve

La depresión no muestra señales externas evidentes. Afecta los circuitos cerebrales relacionados con la regulación emocional y combina factores biológicos, psicológicos y sociales. Por ello, no basta “echarle ganas” para superarla. Cuando se instala, interfiere con la vida familiar, laboral y social de quien la padece.

Síntomas que no deben ignorarse

Los especialistas recomiendan consultar cuando los síntomas persisten más de dos semanas. Entre los más frecuentes aparecen la fatiga constante, la apatía y la pérdida de interés por actividades antes placenteras. También surgen alteraciones del sueño, como insomnio o dormir en exceso, además de problemas de concentración y memoria.

A estos se suman sentimientos de culpa, inutilidad o fracaso, cambios en el apetito, dolores corporales sin causa clara y una visión pesimista del futuro. En los casos más graves, pueden aparecer ideas relacionadas con la muerte o el suicidio.

Factores de riesgo y vulnerabilidad

La depresión no responde a una sola causa. La historia familiar aumenta la vulnerabilidad, pero no determina el diagnóstico. El estrés crónico, las experiencias traumáticas, el dolor persistente, los cambios hormonales y la soledad también influyen. Rasgos como el perfeccionismo extremo y la autoexigencia elevada incrementan el riesgo.

¿A quién afecta más?

Las mujeres registran más casos de depresión, aunque los hombres presentan mayores tasas de suicidio consumado. En los últimos años, los diagnósticos aparecen en personas cada vez más jóvenes, con alta presión personal y profesional, y con ansiedad o trastornos del sueño asociados.

Detectar la depresión a tiempo permite iniciar un tratamiento individualizado y recuperar la funcionalidad. Buscar ayuda profesional marca la diferencia.

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Jimena Baumgarten