Día Internacional de Apoyo de las Víctimas de la Tortura

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Este 26 de junio se conmemora el “Día Internacional de Apoyo a Víctimas de la Tortura” que brinda la oportunidad de hacer un llamado a todas las partes involucradas, incluyendo los Estados Miembros de las Naciones Unidas, la sociedad civil y los individuos, a unirse en solidaridad con las innumerables personas en todo el mundo que han sufrido o aún sufren de tortura.

Por tortura se refiere a cualquier acción en la que se infligen de manera intencional a una persona tanto dolor como sufrimiento severo, ya sea físico o mental, con el propósito de obtener información o una confesión de ella o de un tercero, castigarla por un acto que se haya cometido o se sospeche que se ha cometido, intimidar o coaccionar a esa persona u otras, o por cualquier motivo basado en algún tipo de discriminación. 

Las consecuencias de la tortura: cómo afecta a la personalidad y se transmite a través de generaciones

Las repercusiones experimentadas por las víctimas de tortura son amplias y afectan tanto su salud física como su bienestar psicológico, siendo este último particularmente difícil de remediar. El perpetrador de la tortura tiene como objetivo despojar a la víctima de su identidad, dejándola en un estado de “vacío”, sin voluntad y sometida. Para lograrlo, emplea técnicas diseñadas para ejercer control sobre la intimidad, la identidad, el cuerpo y la voluntad de la persona afectada.

Las repercusiones psicológicas que surgen en las víctimas varían según la persona, así como también difiere el proceso de recuperación en cada caso. Aunque no existe un síndrome específico denominado “post-tortura”, hay características comunes que suelen manifestarse en aquellos que han sido sometidos a tortura.

Estas secuelas psicológicas se originan debido a que, durante el período de tortura, la víctima carece de cualquier control, vive en constante incertidumbre, desconociendo cuándo podrá comer, cuándo volverá a ver a alguien o cuánto tiempo durará el tormento. Esta falta de certeza provoca una pérdida total en la víctima, comenzando por su propia identidad.

Normas e instrumentos jurídicos en la lucha contra la tortura

En 1948, la comunidad internacional condenó la práctica de la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes a través de la Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. En 1975, como respuesta a las campañas llevadas a cabo por diversas organizaciones no gubernamentales (ONG), la Asamblea General aprobó la Declaración sobre la Protección de Todas las Personas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes.

Durante las décadas de los ochenta y noventa, se lograron avances significativos tanto en el desarrollo de normas e instrumentos legales como en la promoción de la prohibición de la tortura. En 1981, la Asamblea General estableció el Fondo de Contribuciones Voluntarias de las Naciones Unidas para las Víctimas de la Tortura, con el propósito de financiar a las organizaciones que brindaban asistencia a las víctimas de la tortura y a sus familias.

La Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes fue adoptada por la Asamblea General en 1984 y entró en vigor en 1987

En 1985, la Comisión de Derechos Humanos designó al primer Relator Especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, un experto independiente encargado de informar sobre la situación de la tortura en el mundo. Durante el mismo período, la Asamblea General adoptó diversas resoluciones, resaltando la importancia del personal de atención médica en la protección de los presos y detenidos contra la tortura, y estableció principios generales para el trato de los reclusos y detenidos.