Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela bajo la lupa de Trump

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Delcy Rodríguez

Persona de confianza de Nicolás Maduro, enlace con el empresariado y, ahora, presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez surge como la cara pragmática de la transición en este país ante un Estados Unidos dispuesto a trabajar con el chavismo.

La primera mujer en presidir Venezuela asumió el poder el sábado de forma interina por orden de la corte suprema, tras la captura de Maduro por fuerzas estadounidenses.

Delcy Eloína Rodríguez Gómez, de 56 años, se convirtió en 2018 en la vicepresidenta y primera en la línea de sucesión. Tiene además el control de la economía, que maneja alejada del dogma chavista de férreos controles, y del petróleo vital en el país con las mayores reservas de crudo del mundo.

“Ha sido probablemente una de las personas de mayor confianza de Maduro a lo largo de estos años”, explicó a la AFP el analista político y profesor universitario, Pedro Benítez.

Con la captura de Maduro, encara una transición en la que Washington está dispuesto a trabajar con el poder. De cabello oscuro corto y liso, gruesas gafas y una sonrisa que sus detractores tachan de cínica, Rodríguez tendrá que calibrar, según expertos, su singular discurso incendiario contra el “imperialismo norteamericano”.

Interinato de 90 días

El Parlamento -que preside el hermano de Rodríguez, Jorge- no la convocó aún para asumir el cargo.

“Formalmente tendría que juramentarse”, dijo el politólogo Benigno Alarcón, aunque la “realidad” es que “es la que queda” al mando.

Su interinato tiene una duración de 90 días, prorrogable por otros tres meses por la Asamblea Nacional. De declararse una falta absoluta de Maduro, la ley obliga a que se convoquen elecciones en los 30 días siguientes.

Rodríguez fue ministra de Economía entre 2020 y 2024, momento en que se acercó a los empresarios, satanizados durante años por Maduro y su antecesor, Hugo Chávez.

Una feroz hiperinflación y políticas económicas fallidas provocaron un desorden financiero desde 2016, que Caracas luego atribuyó a sanciones estadounidenses del primer mandato de Trump que solo acentuaron la crisis.

Una dolarización de facto junto con la flexibilización de los controles dieron oxígeno a las relaciones del chavismo con el sector privado y acabaron con la escasez, aunque la merma del poder adquisitivo nunca cesó.

Entre empresarios se le considera una gestora inteligente en materia económica, abierta al pragmatismo e incluso al diálogo. Tendió puentes con la patronal Fedecámaras y logró reuniones con el gobierno que pocos años atrás parecían imposibles.

El New York Times la ubicó de hecho como la cara moderada de una eventual transición en Venezuela, aunque analistas la colocan dentro del chavismo de línea dura.

Ella y su hermano Jorge son hijos de un dirigente comunista asesinado en 1976 en un calabozo policial. Por algo las cuatro décadas de bipartidismo democrático en Venezuela previos al chavismo generan escozor entre los hermanos.

“Su combustible emocional para llegar hasta donde llegaron tiene que ver con la venganza”, dijo un politólogo que pidió anonimato.

De cargo en cargo

Benítez estimó que la consolidación de Rodríguez dentro del chavismo vino con el “momento crítico” que representó la llegada al poder de Maduro en 2013.

La muerte del carismático y muy popular Chávez (1999-2013) generó un cataclismo en las filas del chavismo radical.

Más allá de su férrea militancia, “no tenía una base política propia” en la era de Chávez, para quien sirvió como ministra del Despacho de la Presidencia en 2006, apuntó Benítez.

Su ascenso vertiginoso hasta la vicepresidencia se apoyó en su hermano, un poderoso dirigente, indicó el analista: Jorge Rodríguez es el principal negociador del oficialismo y considerado arquitecto de la acumulación de poder de la dupla.

Abogada con posgrado en París, Rodríguez fue ministra de Comunicación (2013-2014) y como canciller (2014-2017) ejecutó el retiro de Venezuela de la Organización de Estados Americanos (OEA). Entre 2017 y 2018 presidió la Asamblea Constituyente, que rigió como un “suprapoder” cuando la oposición controlaba el Parlamento.

Asumió la gestión del petroleo después de que el poderoso exministro Tareck El Aissami terminara en prisión por un desfalco a la industria. Analistas atribuyen su caída en desgracia a un choque de poder con los Rodríguez.

jb

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