Dar la cara: el día que Puerto Vallarta se pausó por Clarisa Rodríguez

Foto: Facebook / K. Vallarta
9AM. Ciudad turística con una sola avenida principal
En una escuela de la Bahía de Banderas, unos profesores observan pasmados una transmisión en vivo. No es ningún partido mundial, tampoco una serie, sino una manifestación en Puerto Vallarta, Jalisco que ha iniciado este lunes 19 de enero de 2026 a las 9 de la mañana. Durante el inicio de la transmisión se nota un conjunto de cuarenta personas en la manifestación. La transmisión continúa mientras los maestros califican en su oficina, como apoyo a la distancia. En el lapso de una hora el grupo de manifestantes ha ascendido a más de noventa personas y han logrado bloquear la Avenida Francisco Medina Ascencio y el ingreso a Fluvial, vías principales de toda la ciudad y único ingreso al centro turístico.
La vialidad del puerto colapsó. Todo por el caso de Clarisa Rodríguez, una joven que el día 12 de enero fue víctima de un choque causado por una camioneta KIA proveniente de Los Cabos, mientras ella iba en su coche, de la misma marca, hacia su trabajo. Su vehículo fue impactado con una brutalidad a las 6 de la mañana. La camioneta también causó daño en la infraestructura pública. En la cobertura realizada por medios locales esa mañana, se dió a conocer que ambos conductores habían sobrevivido y habían sido trasladados a distintas clínicas para su atención. La camioneta no portaba placas, pero sí un permiso expedido en Los Cabos.
En el transcurso de dicha semana, se dio a conocer que el conductor, hasta ahora responsable del choque, había sido dado de alta y “puesto en libertad”, esto posiblemente ante la falta de sustento legal que las primeras autoridades respondientes del caso debieron haber recabado para poner en custodia al responsable de los hechos. Hasta el momento, no existe medio oficial que aclare dicho proceso ministerial, y si en realidad el conductor del coche causante del accidente ingresó al hospital en calidad de detenido.
Con el paso del tiempo, la sensación de impunidad se acrecentó y, sobre todo, empezó a compartirse en redes sociales, con todo y el testimonio de Diego Alejandro Vera Palomera, esposo de Clarisa, quien en su perfil de Facebook hizo saber a los internautas que el responsable no había dado la cara y que no se contaba con un apoyo óptimo de las autoridades. Desde su inicio, el poder y la causa de esta manifestación alcanzó no sólo la realidad tangible, sino también la virtualidad. Como advirtió Susan Sontag en su libro Ante el dolor de los demás experimentamos “la vida moderna de mirar el dolor de los demás”; el hecho de que la tragedia del otro nos llegue a través de una pantalla puede derivar (aún) en empatía o acrecentar la indiferencia y normalización. Así, la conversación entre los internautas se fragmentó, algunos empatizaban totalmente con la causa, mientras que otros cuestionaban la efectividad de dicha expresión constitucional. En una publicación, se lee el siguiente comentario: “Está bien manifestarse… pero también hay que saber cómo. Los ciudadanos no tenemos la culpa”.
12:00 PM. Interacción de las autoridades municipales con afectados directos.
Ana Teresa Castañeda, diseñadora jaliscience, se quedó varada en el tráfico a la altura de Palmar de Aramara. Se enteró del caso de Clarisa por la manifestación. Por cuestiones laborales debía ir a las inmediaciones del Grand Venetian, condominios de lujo ubicados en el punto de la manifestación. “Estuve en el tráfico dos horas y media. Eso es un día normal en la Ciudad de México, aunque en tiempo vallartense creo que es la vida. La gente estaba súper molesta y te aventaban más el carro. Manejaban muy agresivos. Al llegar al Grand Venetian una chava se me quedó viendo horrible. Tenía una pancarta y todo. Se me quiso meter para que no pasara al edificio. Y yo lo entiendo. Pero yo también debía hacer cosas, me pareció muy agresivo. Ah, y no sé si quisieron aprovechar el caos, pero cerraron varias calles para reparar, según esto”.
Los profesores siguen viendo la transmisión en vivo de la manifestación. Ahora los medios entrevistan a Diego Alejandro Vera Palomera, esposo de Clarisa. Pide al responsable del accidente que pague por los daños, que “de la cara” y a las autoridades “que no sean corruptas”. En fiscalía le han dicho que “la carpeta de investigación va avanzando, ¿pero a qué ritmo?”. Momento después se acerca a los periodistas José Juan Velázquez Hernández, Secretario del Ayuntamiento Municipal de Puerto Vallarta. Da la cara. Reitera que el Ayuntamiento ha estado en cercanía con la familia de Clarisa. Acto siguiente, José Juan se acerca a Diego Alejandro y de nuevo realiza esta reiteración. El lenguaje corporal de ambos es tremendamente contrastante; el Secretario se dirige a los medios y a Diego con una ligereza y formalidad indiscutible. Diego permanece estático. Se contiene. Da la cara. Observa al horizonte y hay instantes que divisa al Secretario. Su mirada, al igual que su incredulidad, son transparentes. Diego se da la media vuelta y deja al Secretario, “No hay que confiar” murmura.

Foto: M. Lira

Foto: M. Lira
Desde su arribo a las 10 de la mañana, el Secretario ha tratado de parar el bloqueo de las Avenidas sin éxito. Alrededor de él, continúan las consignas, pidiendo la presencia del Alcalde Municipal de Puerto Vallarta, el Arq. Luis Ernesto Munguía: “Queremos a Munguía”, “Clarissa no está sola”, “¿Por qué lo dejaron libre?”. Le rodean varias pancartas; “Un vallartense no deja solo a otro vallartense” dice una. Varios manifestantes vienen de La Cruz de Loreto, poblado de donde es originaria Clarisa. La artista plástica y académica Marilyn Mendoza comenta cómo las personas de los pueblos son más contundentes en su manifestar, “para ellos el trabajo de cada individuo en su comunidad importa mucho, y creo que en las ciudades este valor es fácil que se pierda” comenta mientra los demás profesores siguen viendo la transmisión en vivo.
La fotógrafa michoacana Carolina Torres, quien radica en Puerto Vallarta, se encuentra a escasos metros de las avenidas bloqueadas. Envía en el chat una fotografía de la avenida Francisco Medina Ascencio libre de carros. La soledad en ese paisaje es bastante simbólica. La ciudad sigue parada. “Cuando ocurre una manifestación, siempre veo los mismos comentarios en redes. La gente comentando como siempre son las mismas personas manifestándose. Al ser una ciudad turística, es muy fácil que la ciudadanía ponga como prioridad sus sueldos porque Vallarta funciona por temporadas. Es una postura que veo y la entiendo” comenta. “Pero justo creo que a Vallarta le hace más falta enojarse ante las injusticias. Aunque siento que el cansancio en general es lo que no nos deja sumarnos a la empatía” finaliza. También comparte lo complejo que es habitar una ciudad turística “Vallarta siempre tiene visita en su casa. Es un tercer ojo que te ve y no te deja ser tú. Este factor influye en la manera en que los locales se expresan hacia el exterior. Hoy no pude ir con mi hermana, que está de visita, al café que deseaba, debido a la manifestación. Pero mi incomodidad no fue el fin del mundo”, puntualiza.

Foto: C. Torres
2:30PM Llegar a casa
Natalia Balzaretti Merino, académica universitaria, se encuentra en el tráfico camino a casa y es paciente con la situación. Comparte su punto de vista al respecto: “(las manifestaciones) son iniciativas sumamente necesarias, más en el contexto global. Debemos de dejar la preferencia por los temas económicos sin observar el impacto que esto puede tener a largo plazo de manera individual y colectiva. Hemos migrado a una sociedad egoísta. Debemos observar que estas “pequeñas” sutilezas de personas que están viviendo un dolor nos son ajenas hasta que los vivimos. Allí sí queremos que todo mundo voltee”.
La transmisión en vivo continúa gracias al periodista Mauricio Lira. Al parecer el Secretario ha llegado a un acuerdo con los familiares de Clarisa Rodríguez. Se comparte a los medios que los policías involucrados serán suspendidos de su cargo hasta nuevo aviso y se dará seguimiento a la carpeta de investigación. La tensión entre los manifestantes se acrecenta y el grupo se divide entre los que desean continuar el bloqueo exigiendo que el presidente municipal de la cara y los que opinan que ha sido suficiente y se ha tenido un acuerdo con las autoridades. Finalmente, una mujer que se identifica como la tía abuela de Clarisa, expresa que ya se puede retirar el bloqueo. Los manifestantes dan quince días a autoridades municipales para resolver el caso. Son las tres de la tarde. Se abren de nuevo las avenidas.
Una de las profesoras llega media hora de lo normal al centro de Puerto Vallarta. Se ha quedado de ver con Karla Alegría, una respetada guía turística. Su encuentro se retrasa una hora por la movilidad de la ciudad. “Yo hoy tuve un grupo muy grande de extranjeros, treinta dos personas. Llegaron una hora y media después de lo agendado. Me preguntaron sobre la manifestación y yo les conté. Todos entendieron la situación, ninguno se enojó”. La profesora llega a su casa después de cenar con Karla. Piensa, y piensa en lo afortunada que es tan solo por llegar a casa. Espera, como toda la ciudad, que den la cara.




