Crisis humanitaria en Cuba: Médicos eligen quién sobrevive ante el colapso del sistema de salud

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El sistema de salud cubano, que por décadas fue el estandarte de la Revolución, hoy se desmorona entre la penumbra y la escasez.
En el hospital cardiopediátrico “William Soler”, el más importante de su tipo en la isla, la medicina ha dejado de ser solo una ciencia para convertirse en un ejercicio de decisiones “dificilísimas”.
Debido al agudo bloqueo de combustible impuesto por Estados Unidos, los especialistas se ven obligados a aplicar un triaje de guerra: determinar qué niños reciben tratamiento inmediato para salvar la vida y cuáles deben permanecer en una lista de espera que parece no tener fin.
Entre la penumbra y la espera
Durante un recorrido por el recinto, el escenario es desolador. Madres con mascarillas custodian a sus hijos en habitaciones en penumbra, donde la única iluminación proviene de los rayos de sol que atraviesan las ventanas.
Aunque el centro cuenta con 100 camas, no todas pueden ser utilizadas; los recursos deben racionarse exclusivamente para quienes tienen un riesgo vital inminente.
La doctora Herminia Palenzuela, fundadora del hospital en 1986, confiesa con angustia que los casos menos graves son enviados al final de la fila.
“Se guardan los recursos para los que se van a morir en cualquier momento”, lamenta la cardióloga de 79 años.
Un sistema paralizado por la energía
La crisis energética ha alcanzado niveles críticos tras la suspensión del suministro de crudo desde Venezuela y las restricciones financieras de Washington.
Los apagones diarios no perdonan a nadie. Aunque los hospitales usan generadores, la operatividad es mínima.
El impacto es sistémico:
- Más de 96,000 cubanos están en lista de espera quirúrgica.
- De ellos, 11,000 son menores de edad.
- Los médicos, ante la falta de transporte, deben caminar varios kilómetros para llegar a sus puestos de trabajo.
Pacientes como Jorge Pérez Álvarez, cuya vida depende de equipos eléctricos, enfrentan una sentencia de muerte silenciosa cada vez que las baterías de sus dispositivos se agotan durante los cortes nacionales de luz.
Escasez de lo básico
La carencia no se limita a tecnología de punta. Los quirófanos carecen de gasas, guantes, jeringas y piezas de repuesto.
Incluso la nutrición se ha vuelto un lujo; el hospital reporta un alza en niños con desnutrición debido a que alimentos básicos como los vegetales tienen precios inalcanzables para el salario promedio.
Eugenio Selman, director del centro, asegura que tras décadas de embargo, la situación actual ha alcanzado “niveles dramáticos”.
La falta de pilas para dispositivos como el Holter —necesario para monitorear taquicardias— deja a madres dependiendo únicamente de “la suerte”.
Un salvavidas internacional
Ante el riesgo de un colapso total, la solidaridad internacional ha comenzado a llegar. Un convoy entregó recientemente 50 toneladas de suministros médicos y alimentarios.
Asimismo, la ONU ha propuesto un plan de emergencia de 94.1 millones de dólares para adquirir combustible y mantener servicios esenciales.
Sin embargo, el asedio financiero continúa limitando la compra de fármacos con componentes estadounidenses.
Lo que alguna vez fue un orgullo nacional, hoy lucha por garantizar el derecho básico a la vida, atrapado entre la ineficiencia interna y un cerco externo que no da tregua.




