Carta abierta a Arturo Zaldívar

Arturo Zaldívar

Arturo,

Me intriga saber qué pensarás de ti mismo.
Me pregunto si podrás dormir al pensar en lo que te has convertido.

Tantos estudios, tantos libros, tantas discusiones, tantas clases dadas, tantas ponencias…
y todo para llegar a ser lo que hoy claramente te describe:
un simple criado.

Lo que sorprende es a quién escogiste para ser tu amo.

Porque no escogiste ser el criado de un hombre inteligente.

O de un erudito. O de un estadista. O de un hombre de miras altas.

No escogiste ser el criado de un Juárez. De un Madero. O de un Cárdenas.

No escogiste ser el criado de un Mandela. O de un Churchill. O de un Gandhi.

No.

Eres el lacayo de un hombre pequeño, acomplejado, corrupto e ignorante.

Él toma pedidos de un enano intelectual.

El esclavo de un resentido social sin cultura, sin visión del mundo.

Eres la comparsa de un presidente que en el colmo de su furia ha dicho:

“Y no me salgan con que la ley es la ley”.
Ese es el hombre al que sirves.

Al que le has hecho el juego,
sesgando argumentos
inventando argucias.

Dándole la vuelta a la constitución que juraste defender.

Por eso ya solamente eres
un chiste
un meme.
En realidad,
un mal chiste
un mal meme.
El hazmerreír de todo el gremio de abogados de México.
El corresponsable por los daños
de las decisiones presidenciales que tú has avalado
torciendo la ley.

¿Dónde perdiste la dignidad, Arturo?
¿Dónde quedó el abogado brillante,
el catedrático,
el Doctor en Derecho,
el fundador del Instituto Mexicano de Derecho Procesal Constitucional?

Me sorprende que no veas lo que te depara el futuro.

Parecería que crees que la borrachera de poder de López Obrador va a durar para siempre.
Pero él y sus locuras tienen fecha de caducidad.
Y tu propia intoxicación de poder, también.
La fecha es 2024.

Lo que te está esperando es el juicio de la historia.
Esa que es implacable con los traidores a la patria.
Esa que no se escribe con la embriaguez del momento de gloria,
sino con la frialdad de los hechos incontrovertibles.
Esa que no escriben los bufones del rey en curso,
sino los académicos que arrojan luz sobre la estupidez humana.

Lo hemos visto una y otra vez.
Y esos que se sentían prohombres,
los de mirada desafiante como la tuya,
los que se creían dueños del mundo
y de las voluntades;
los que se enseñoreaban dictando cátedra a la sombra del poder,
han sido desnudados en unas cuantas líneas.


Esas que sí perduran.
Y que describen a personas como tú en pocas palabras:
un abogado corrupto.


Un hombre pequeñito que fue vencido por la tentación del poder.
Un gorgojo que dañó enormemente al sistema de justicia de México.
Un criado.
Un lacayo.
Un toma pedidos.
Un esclavo.
Una comparsa.
Un mal chiste.
Un mal meme.
El hazmerreír del gremio de abogados de México.
Un traidor a la patria.

La historia no perdona.

Ojalá tus descendientes sí te perdonen la deshonra que le has traído a su apellido.

Atentamente,

Juan Pueblo

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