Barca sin remos Un ciento volando

Jaime Castillo Copado
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Hagamos un viaje: “Un ejército revolucionario compuesto por 500 generales y 100,000 soldados regía el país. Los Estados se hallaban en poder de generales independientes, quienes administraban la Reforma Agraria en provecho propio. Los empleados del gobierno eran casi en todas partes simples bandidos locales, muchos todavía mozalbetes que habían logrado encaramarse al poder. Había algunos hombres honorables y capaces entre los seguidores de Carranza (Venustiano), pero muchos eran ambiciosos, arrogantes, e insaciables bribones. Hasta el formidable título de constitucionalista llegó a convertirse en sinónimo de robo, y la “raspa” mordaz lo transformó en “carrancear”, equivalente a quedarse con lo ajeno. Jamás en los prósperos de Don Porfirio (Díaz) se vio cosa semejante”.

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