Aplique la Ley; Para eso se le Paga

“Si fuese posible crear un robot capaz de ser funcionario civil, creo que haríamos un gran bien, ya que las Leyes de la Robótica le impedirían dañar a un ser humano, lo incapacitarían para la tiranía, la corrupción, la estupidez, el prejuicio.”

–ISAAC ASIMOV.

 

Los mexicanos somos una raza noble, aguantadora, quizá hasta estoica. 300 años de coloniaje español y un papel subordinado en el panorama internacional, nos han hecho sumisos, acostumbrados a la derrota, a ser agachones. Esto es claro en las relaciones familiares (“¡no se dice qué, se dice mande!”); en las relaciones sociales, donde es imperdonable el éxito o el brillo propio, y como cangrejos en una cubeta, jalamos hacia abajo al que trata de salir. O en el deporte, donde vemos boquiabiertos y disfrutamos como épicas, las escasas victorias que logran nuestros equipos o nuestros atletas. En su libro Amarres Perros el destacado analista Jorge G Castañeda enfatiza este carácter sufridor de la raza azteca. Con tal de no “hacer olas”, con tal de no “buscarle ruido al chicharrón”, somos capaces de aguantar las más disímbolas formas de dominación o agravio.

Octavio Paz también habló de esto en El Laberinto de la Soledad, de esa tendencia a anularnos, más entre las oprimidas razas indígenas; ponía el ejemplo de la señora del aseo, que cuando suena el teléfono y alguien pregunta por un ocupante de la casa, ella responde: “No, no hay nadie. Sólo estoy yo”.

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