Terremoto en Birmania deja a la infancia en riesgo

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Un devastador terremoto en Birmania de magnitud 7,7 sacudió el país el 28 de marzo, agravando una crisis humanitaria preexistente y dejando a millones de niños en peligro. La situación se ha visto exacerbada por las réplicas y la falta de recursos esenciales para los damnificados.
Las consecuencias del terremoto en Birmania han sido devastadoras, especialmente para la población infantil. Viviendas, escuelas y hospitales resultaron gravemente dañados en las regiones de Mandalay, Nay Pyi Taw, Sagaing, Bago y Shan. La destrucción de infraestructuras críticas ha dejado a muchas comunidades sin electricidad ni comunicación.

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Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés), los niños son los más afectados, enfrentando riesgos de lesiones, traumas y separación de sus familias. La falta de agua potable, refugios y atención médica agrava la crisis y pone en peligro su supervivencia.
UNICEF y otras organizaciones han desplegado equipos en las zonas afectadas para evaluar las necesidades y proporcionar ayuda de emergencia. Se han movilizado 80 toneladas de suministros vitales, incluyendo botiquines de salud, productos médicos, tiendas de campaña y kits de higiene. Sin embargo, la asistencia sigue siendo insuficiente ante la magnitud de la catástrofe.
Incluso, antes del terremoto en Birmania ya enfrentaba una de las emergencias humanitarias más complejas del mundo, con más de 6,5 millones de niños en necesidad de ayuda. La falta de financiamiento sigue siendo un obstáculo, ya que hasta la fecha se ha recibido menos del 10% de los fondos requeridos para la respuesta humanitaria de 2025.
Las organizaciones humanitarias han instado a la comunidad internacional a incrementar los recursos para atender a las víctimas del terremoto en Birmania. Se requiere acceso humanitario seguro y sin restricciones para garantizar que la ayuda llegue a quienes más lo necesitan.